Cuando todos los hermanos estuvimos cuidando a mi madre en su propia casa por un postoperatorio hará más de un año, una de aquellas noches de guardia nos dijo que se le antojaba cenar una
sopa que se venía preparando desde hacía un tiempo y que le entonaba muy bien. Nos tuvo que explicar cómo hacerla porque no la conocíamos y en el fondo se trataba de una sopa de
arroz con
ajo y
pimentón con un toque picante delicioso. Fue probarla y caer rendidos ante la sencillez de su elaboración, y su secreto es que pese a ser gustosa y reconfortante no tiene complicación ninguna, es como una
sopa de ajo con una base de
caldo de de
jamón o
pollo, a la que se le quitaba el
pan y el
huevo y se le añadía
arroz y
tomate en crudo. Maravillosa, el
arroz le aporta al caldo untuosidad y el detalle fresco de los cubitos de
tomate nos parecieron un acierto. Hoy os la traemos porque os parece una solución muy socorrida y económica para algunas cenas improvisadas como puede ser la de hoy, porque... ¿qué frío vuelve a hacer verdad?..
Para hacerla más rápida podéis cambiar el
arroz por alguna
pasta fina o sémola, a vuestro criterio, pero os vamos a pedir en una primera vez que la probéis con
arroz. También podéis añadirle algún tipo de proteína animal, como tacos de
jamón, trocitos de
pollo o incluso
chorizo, o si nos apuráis algunos restos deshilachados de algún
cocido. No obstante os volvemos a recordar que el atractivo de esta sencillísima
sopa radica en su sencillez, la inmediatez es su gran valor añadido.