5 ene. 2010

AMSTERDAM, LA VENECIA DEL NORTE

Hola de nuevo a todos. Hoy os vamos a seguir contando nuestro viaje por Países Bajos, y en esta ocasión no vamos a ser ni Lola ni yo los que os hablemos del mismo, va a ser Verónica, uno de los cuatro integrantes de esta pequeña escapada. Bajo su prisma particular nos va a relatar todo lo que vivimos juntos por aquellas tierras, recordaréis que el viaje empezó en Gante y continuó en Brujas y Amberes; pues bien, hoy le toca el turno a la cosmopolita Amsterdam dónde estuvimos durmiendo 3 días aunque el último día estuvimos por Holanda. Os dejamos pues con su narración, con su selección de fotos y con un sentimiento de añoranza muy especial. Esperamos sinceramente que os guste porque de verdad que a nosotros nos ha trasladado de nuevo allí.


Tomar un tren para cruzar una frontera, es siempre una experiencia apasionante. La estación de Amberes, tan majestuosa, fácilmente te traslada a otra época pasada, siendo un punto ideal de partida. Entrar en uno de sus trenes, te coloca los pies en el presente y en el mundo real. Los vagones por dentro son tan acogedores como usados. Miles de cabezas y maletas, con diferentes planes, coincidiendo por un par de horas. Nosotros, ocupando una pequeña cabina para cuatro, con la ventanilla como adelanto de lo que estaba por llegar. ¿Cuántas experiencias InteRail habrían desfilado por aquellos asientos?. Miles y miles de mochilas, pies cansados y sobre todo, ojos y corazones abiertos a conocer, a experimentar. Amsterdam era el corazón del viaje. Estuvimos compartiendo anécdotas y sensaciones durante todo el trayecto. Mientras, no podíamos evitar echar un vistazo una y otra vez por la ventanilla, esperando ver: ¿Tulipanes? ¿Molinos?.


Pues ni lo uno, ni lo otro. El paisaje muy similar al belga. Una línea de horizonte completamente recta y horizontal, el cielo gris, casi blanco, y el suelo verde, como un gran manto de hierba. Sobre todo mucho agua, charcos, canales, ríos, barro…y algunas ovejas y vacas pastando felizmente. Conforme nos acercamos a Amsterdam, irrumpieron como un insulto en el monótono paisaje, grandes edificios modernos y grises, sin orden ni concierto, propios de una gran urbe. Rotterdam: el desarrollo y la modernidad, manchando el paisaje rural. Algo comenzaba a descuadrar y a borrar la paz y tranquilidad de Bélgica.

La llegada a la estación de Amsterdam Centraal Station nos lo confirmó: cientos de raíles, cientos de paneles anunciando destinos, cientos de personas de todos los colores y tamaños corriendo en todas direcciones.. A esto se añadió la lluvia que nos recibió, más las obras que había en la plaza de la estación que añadían ruido y caos a nuestros primeros minutos en Amsterdam. ¡Madre mía qué sobrecarga de sensaciones después de la tranquilidad belga! Aterrizamos en la oficina de turismo, junto a al estación. Era la primera muestra de la modernidad y evolución urbana de Amsterdam. Todo informatizado y un asesor sólo para ti, hablando en perfecto español para trazar tu visita a la ciudad de forma completamente personalizada. Existían varias opciones para combinar visitas a museos, monumentos, transportes públicos, etc. Conforme a nuestros planes, nos decidimos a contratar un kit de transporte público gratuito dos días, junto con un dúo Museo Van Gogh y paseo en barco por los canales. Fue una suerte tener tan claro que no queríamos mucha historia organizada y que los únicos museos que nos interesaban eran Van Gogh y la Casa de Ana Frank. Eso facilitó la decisión. Las opciones culturales eran muchas. Claramente Amsterdam no es ciudad de muchos monumentos, pero sí de ofertas culturales muy amplias: museos para todos los gustos, conciertos, teatros, cines, cafés... Una ciudad viva, moderna y en presente.

Nada más salir de la oficina de turismo, nos chocamos con nuestro tranvía (la línea 9) y atropelladamente conseguimos subir con nuestro equipaje, entre la gente, mojados, pero sobre todo muy sonrientes. ¡¡Estábamos en Amsterdam!! Un vistazo al interior de nuestro vagón remarcaba la sensación de multiculturalidad. Un vistazo fuera, el movimiento de esta ciudad: bicicletas, tranvías, coches, comercios, letreros luminosos, canales, peatones…dando color al gris del cielo y del asfalto. El tranvía transcurrió por la calle Damrak, atravesó la famosa plaza Damm y continuó por Rokin. Este recorrido es suficiente para captar una parte de la esencia de Ámsterdam.


Estuvimos muy pendientes de las paradas para no pasarnos y conseguimos llegar al hotel sin dificultad. Una de las principales características de Amsterdam, es su excelente transporte público. Orientándote un poco en la red de tranvías y autobuses, puedes enlazar dos puntos de cualquier parte de la ciudad de forma sencilla. Los tranvías son modernos y dentro de ellos hay una especie de revisor situado en su casetilla a mitad del vagón. Además de controlar a los pasajeros, sirve para anunciar las paradas y nos fue de gran ayuda para orientarnos por la ciudad. Con una amabilidad exquisita.

El hotel era muy bueno, NH Tropen, con buenas instalaciones y unas excelentes vistas de la ciudad (planta 10ª). Tuvimos un incidente en la llegada, había un problema con la reserva. Salvamos el momento consumiendo todos los caramelos que había en recepción. Una vez solucionado, nos lanzamos a dejar el equipaje y regresar a las calles de la nueva ciudad. Volvimos sobre nuestros pasos, y en la calle Rokin almorzamos en un sitio llamado La Place. A Carlos se lo habían recomendado y sin duda, nos enfrentamos al mayor buffet libre conocido.


Todo estaba organizado por secciones y puesto con mucho gusto: verduras y ensaladas, wok, carne, pasta, postres. Se combinaban distintos tipos de cocina internacional. El estrés era… ¿hacia dónde me dirijo?.


Todo aparecía tan, tan apetecible… Nos perdimos unos de otros. Y nos reencontramos en una mesa, cargados de comida. Personalmente me tiré a por el cuchareo, ya lo iba echando de menos. Me comí una especie de potaje holandés consistente en una sopa de guisantes, aderezada con bacon y otras verduras. Exquisita. Me dejó el estómago como nuevo. Carlos prefirió una buena sesión de wok. Lola continuó con sus sandwiches favoritos y Gabriel con unas raciones de carne a la parrilla que olían fenomenal.


Con el estómago feliz, fue más fácil adentrarnos por las calles de Amsterdam. Hay imágenes que recogen muy bien lo que es esta ciudad: bicicletas por doquier, bares y tiendas con luminosos llamativos, cantidad de gente por todas partes.


No importa el frío. Las calles están llenas y en general, la gente es mucho más expresiva que en Bélgica, se escuchan risas y conversaciones: gente de color, adolescentes rubitas, grupos de jóvenes, mayores, niños… Y por todas las esquinas aparecen los canales con sus hileras de casas típicas a ambos lados. Todas las casas son iguales y diferentes. Los canales dan el toque especial a todos los escenarios. La tarde nos llevó a descubrir el encanto de pasear por Amsterdam, sin duda, lo más recomendable de esta ciudad: pasear. Pasear y disfrutar esquivando bicicletas, ir mirando escaparates de tiendas preciosas, bares originales, puentes, canales…y contemplar como la estampa va cambiando conforme cambia la luz del día. Es sorprendente la belleza del paisaje nocturno. La ciudad se oscurece mucho y contemplar cómo alumbran las pequeñas farolas muy tenuemente los canales es un espectáculo. Era inevitable pensar en los cuadros de los impresionistas.


Elegimos un pub para tomarnos un café y un chocolate caliente. Los interiores de los pubs son también sorprendentes. Hay mucha vanguardia mezclada con elementos más tradicionales. Los camareros van algo más allá de la hospitalidad belga, añadiendo dosis de la simpatía del que está acostumbrado a ver pasar a muchos tipos de clientes.


Decidimos echar el resto de la tarde en el Museo Casa de Ana Frank, para visitar más entrada la noche el famoso Barrio Rojo. La Casa de Ana Frank nos resultó curiosa, principalmente por conocer cómo son los interiores de las típicas casas de la ciudad y también por acercarnos a la historia de la famosa autora de su propio diario. Sobre todo recuerdo el vértigo que me dieron las escaleras de acceso a los diferentes pisos. Entendiendo que las casas son más altas que largas o anchas, todas las escaleras son muy empinadas, con escalones estrechos donde el pie hay que apoyarlo de lado. Con ayuda de mi grupo, una vez más superé el vértigo y pude recorrer la casa entera. Por las diferentes habitaciones, había proyecciones de documentales narrando la triste vida de Ana y su familia. Sin duda, conmovida por la historia, no pude evitar comprar el libro en la tienda de recuerdos, donde lo podías encontrar barato y en muchísimos idiomas. Si echáis un vistazo al vínculo web de este museo, tendréis una imagen más clara, de lo bien organizado que está todo lo cultural en Amsterdam. Los lugares son algo más que museos estáticos para visitar. Hay toda una oferta donde lo clásico y moderno se entremezcla y convierten la visita en una experiencia dinámica y diferente.

Con otro paseo ya nocturno, fuimos a parar al famoso Barrio Rojo. Ocupa el centro de la ciudad, y en sus alrededores se extienden numerosos comercios, Coffee –Shops y todo tipo de bares de comida internacional: mexicanos, españoles, alemanes…. Pequeños locales con letreros luminosos que nos hacían confundir si ya estábamos o no entre locales de alterne.


Lo más curioso del Barrio Rojo es que los escaparates con las prostitutas están en torno a una gran iglesia llamada Oude Kerk. El sexo es un producto más, perfectamente integrado en el paisaje de casas típicas y canales. Sólo las luces de neón rojas diferencian que no se trata de un supermercado. Hay chicas de todo tipo, algunas realmente viejas y feas. Se reparten por zonas. También existen otros tipos de negocios como tiendas de condones, de artículos de sadomasoquismo, shows de streeptease, etc. Sorprendente el ambiente tan natural ante la exposición de carne. Me lo esperaba más glamouroso… realmente los escaparates son sencillos, con azulejos blancos de cocina y unas leves cortinillas que se corren cuando se está realizando algún servicio. Pura curiosidad. En cuanto a los Coffee- Shops, estaban bastante vacíos. Probablemente fuera por las horas a las que pasamos, pero no había mucho ambiente dentro de ellos. Hay quien me ha comentado que muchas personas prefieren comprar la mercancía y utilizarlas en casa en fiestas privadas.


La noche no dio mucho más de sí. Regresamos al hotel y cenamos algo socorrido en un Kentucky Fried Chicken en los alrededores. En estos locales se puede adquirir distintos productos con pollo frito como elemento fundamental: ensaladas, alitas rebozadas, cuartos de pollo, etc. El almuerzo había sido contundente, así que optamos por la carne de pollo y ensalada para aligerar la marcha a la cama. Nos pareció bien retirarnos pronto para aprovechar bien el día siguiente. Dormimos fenomenal, arropados por las imágenes de las bicicletas y los canales. A uno le entra el espíritu bohemio y juvenil en estos lugares.


Al día siguiente, nos levantamos temprano y desayunamos en el hotel. Os vamos a recomendar este hotel por el desayuno, se trataba de un buffet variado en el que había fruta, un tostador en condiciones, bollos, embutido y hasta jamón serrano (del que venden allí). Al acabar fuimos a tomar el barco que nos iba a dar un paseo por los canales. Increíble el despliegue de bicicletas desde primera hora de la mañana. Hay que tener cuidado al cruzar las calles porque vienen por todos lados. Encontrabas a todo tipo de personajes desfilando hacia sus trabajos sobre dos ruedas.

El barco lo tomamos en una parada situada junto al edificio de la cerveza Heineken. Realmente existe mucho más monopolio de cerveza en Holanda que en Bélgica. Heineken prevalece sobre otras marcas, sobre todo a nivel comercial. Encuentras muchos anuncios de la marca. En la fábrica de cerveza también se podía hacer una visita cual si fuera un museo.


El paseo en barco por los canales nos ofreció estampas maravillosas de la ciudad y nos descubrió el secreto de las casas flotantes (Amsterdam Houseboats). Éstas se encuentran situadas en las orillas de los canales, perfectamente equipadas, hasta con jardincillos y bicicletas aparcadas en la puerta. Merece la pena echar un vistazo al vínculo web, donde podréis contemplar además de lo sorprendente que son, la posibilidad de alquilarlas para pasar unas vacaciones.

El barco iba casi vacío, y pudimos disfrutar de una hora de recorrido desde una óptica diferente y sorprendente. Pudimos ver de cerca las diferentes arquitecturas de las típicas casas holandesas. Sinceramente me encantó el paseo. Obtienes una panorámica general de la ciudad muy interesante y te haces una idea de cómo ha influído e influye en la vida de Amsterdam, el transporte por los canales.


A continuación, nos dirigimos al Mercado de las Flores o Bloemenmarkt, otro de los sitios típicos y obligados de Amsterdam. Probablemente estemos ante mi mayor decepción del viaje. Me imaginaba Amsterdam, y Holanda en general, plagada de flores aunque es también es verdad que no es época. Sin embargo dentro del centro sólo hay un Mercado de Flores donde se exponen todo tipo de semillas y bulbos. Es sorprendente el culto al tulipán, sin duda uno de los símbolos de la ciudad. Se venden hasta en bolsas de 100 bulbos. En estas tiendas también se pueden encontrar objetos de recuerdo de la ciudad. Muy enfocadas al turismo.



En esta zona descubrimos nuestra primera tienda de quesos Edam donde se exponían ejemplos de diversos sabores. Degustamos algunos de ellos y también aprovechamos para comprar otros artículos. Merece la pena echar un vistazo. Sólo que había imaginado todo repleto de flores de todo tipo y color, adornando las calles y tiendas. Me consuela pensar que es así en otras épocas del año, solo que en diciembre sólo es momento de sembrar bulbos.


En el paseo en barco por los canales, descubrimos un restaurante Hard Rock Cafe al pie de uno de los canales. Nos apeteció pegarnos un homenaje, y sin duda, fue la comida más copiosa que hicimos durante todos estos días. Tanto, que la digestión nos acompañó toda la tarde allí donde fuimos. Pero, ¡qué deliciosa la hamburguesaLegendary”. Irresistible. Estabas lleno, pero cabía un trozo más de la carne tan bien hecha a la parrilla. Fue un rato entrañable, me gusta mucho el ambiente de estos locales. Y, en Ámsterdam, uno de los secretos está en disfrutar de un rato en cualquier interior cómodo y calentito, desde el que puedas contemplar el día gris a través de un ventanal. El lugar era espectacular. Eso hicimos y eso disfrutamos.

Después de comer, cargando cada uno con su hamburguesa abdominal, nos acercamos al barrio Jordaan. Fue todo un acierto pasear por estas calles repletas de tiendas originales y fotos muy bonitas.


Originalmente era un barrio obrero, de hecho la arquitectura de sus casas es mucho más modesta que en otras zonas de la ciudad. Sin embargo el lugar rebosa encanto.


Las tiendas te sorprenden a cada paso por su originalidad y buen gusto. Se ubican en los bajos de las casas. Encuentras desde panaderías con todo tipo de pan a tiendas de reciclaje de plástico, de ropa… En algunas guías de turismo presentan esta zona como el corazón donde nacen las tendencias de moda internacional. Esto le añade gusto al paseo curioseando por los escaparates tan bien montados. Merece realmente la pena acercarse por aquí.


Mas tarde teníamos cita en el Museo Van Gogh. Tras un breve momento de desorientación entre tanto canal y tanta tienda, conseguimos dar con las combinaciones de tranvía adecuadas para llegar a la puerta del museo. Está ubicado en el Barrio de los Museos. Como su nombre indica, hay muchos situados juntos inmersos entre parques y casas muy grandes. Como íbamos con el tiempo justo y volvía a lloviznar, nos centramos en nuestra visita cultural. El museo era una construcción muy moderna, rodeada de seguridad y con muchísima gente. Nos hicimos de unas audioguías para aprovechar más la visita. Sin embargo, no nos dio tiempo a completar todas las salas de exposición. Es un gustazo ver en primera persona cuadros tan conocidos como el de Los Girasoles. Sin embargo, la colección completa del pintor está repartida por todo el mundo y faltaban muchos conocidos como: La habitación o el El café de Arlés. Si te gusta el impresionismo y Van Gogh, la visita es obligada. Revivir la evolución artística del pintor conociendo el entorno donde creció tiene su encanto.

Salimos ya de noche, cansados y derrotados por la digestión de la “Legendary”, así que nos tomamos un café (Carlos se pidió un curioso Fresh mint tea, que no era más que hojas de hierbabuena dentro de agua hirviendo) y volvimos a la zona del hotel.


Estuvimos barajando la posibilidad de acercarnos a un supermercado y comprar algo ligero para la cena. El supermercado más cercano era de la cadena Albert Heinj. Hicimos una selección de batidos, zumos y el gran descubrimiento fueron unas ensaladas para llevar que eran de lo más completas. Por ejemplo, la que elegí, era con tomate cherry, mozzarella, lechuga, pasta, dados de pan frito, otro tipo de queso y trozos de patata. Todo esto regado con un kit de vinagreta y servido en un recipiente estupendo para consumir. Estuvimos comentando que no existen en España ensaladas tan bien preparadas para su uso inmediato (y tan baratas). Si no, observad en esta foto la buena pinta que tenía:


Al día siguiente llegaba nuestro coche de alquiler para echar el día por las zonas rurales. Aunque no faltaban ganas de seguir pateando la gran urbe, decidimos conocer en nuestro último día, los paisajes holandeses.

(Continua aquí).

Mañana Mercado Calabajío no publicará. ¡Felices Reyes a todos!.

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8 comentarios:

  1. Sensacionales las fotos pero más intenso todavía el relato!!Me ha encantado todo. Estoy ansiosa por saber más de este fantástico viaje.
    un abrazo

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  2. Qué bonito es Amsterdam. Yo viví año y medio en Holanda cuando era joven y le tengo mucho cariño al país. Aunque si preguntas a cualquier holandés fuera de Amsterdam te dirá que eso no es Holanda... el resto es más tranquilo, ninguna otra ciudad tiene tanta animación ni tanta variedad cultural. Pero también tiene su encanto. Y para mí lo mejor de Holanda son los holandeses. Besos

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  3. Me ha encantado la entrada, las fotos preciosas...es uno de nuestros viajes pendientes y viendo este reportaje todavía tengo mas ganas.
    hasta pronto

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  4. Me alegra que lo hayáis pasado bien.
    Es una ciudad especial, que engancha mucho. Yo vine a probar suerte y llevo ya como quince años :)
    Para los que vivimos aquí, además, es difícil encontrar relatos como éste, de gente sin prejuicios que simplemente va a conocer y a disfrutar.
    Muchas gracias.

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  5. Que bonitas fotos, felicidades para Verónica por haber captado esos momentos. Le voy a enviar el enlace a mi hija, ha estado allí hace 10 días, en la cena de Navidad de su empresa y se quedó tres días atrapada en el aeropuerto con la gran nevada, casi no llega para Nochebuena!!
    Pero anécdotas aparte ha venido encantada.
    Creo que es una de las ciudades que mas ganas tengo de conocer!!
    Un abrazo a todos y gracias por acercarnos a todos esos rincones

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  6. Con estos relatos y estas fotos casi me podría ahorrar un viaje, pero gracias a estos relatos y a estas fotos me muero de ganas de visitar esa Venecia del Norte :)

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  7. Que bonito Carlos.
    Que fotos de noche, te han salido magníficas.
    Y todo el post genial.
    Que cuando despiertes vivas la alegria de Los Reyes con tu familia.
    Besos
    Margot

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  8. Chicosss!! que me ha costado encontrar vuestro viaje..pero sabía que habíais estado en A'dam....mañana lo leo con más calma, porque aunque ya he estado dos veces, volvemos el domingo para pasar 10 días.....bueno...ya os cuento!!!!!

    Muchas gracias por vuestro reportaje!!!

    Besos

    Bea

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**** A T E N C I O N     S I    D E J A S    U N    C O M E N T A R I O ****

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