18 dic. 2009

AMBERES, DE VUELTA AL CONCEPTO DE CIUDAD

Amanecimos temprano y recogimos todos los bártulos. Habían sido 3 noches en un mismo sitio y y había que organizar de nuevo la maleta. Cuando desayunamos y dejamos definitivamente el hotel de Gante, todos coincidimos en lo mismo, íbamos a echarlo mucho de menos. Y a la postre teníamos razón. Con el paso de los días este sentimiento estuvo muy presente y aunque estuvimos (quizás) en mejores hoteles, la magia y el enclave de éste precioso hotelito del centro de Gante nos embriagó por completo. Lo recordaremos siempre como una especie de lugar encantador, de espacio entrañable, aunque luego fuera una residencia normal.


La llegada en coche a Amberes fue coser y cantar. Ya le habíamos cogido el truquillo a eso de callejear y de esquivar calles cortadas, y esta vez accedimos de forma sencilla hacia la autovía que nos llevaba hacia Antwerpen (Amberes), la ciudad que vio morir a Rubens y la cuna de los diamantes de toda Europa. Una vez llegamos allí y en un simple vistazo, nos dimos cuenta que Amberes era toda una señora ciudad, toda una urbe enorme, llena de circulación y muy cosmopolita, muchas nacionalidades andando por la calle, y mucho gentío. No sé, quizás en un principio nos hizo sentirnos desprotegidos (al menos a mí), esa sensación que tiene uno cuando viene de un sitio de remanso y paz, y entra dentro de un maremagnum de gentes, edificios, rascacielos, comercios y amplias avenidas. Pero bueno, en la variedad está el gusto y había que acostumbrarse rápido. Lo único que faltaba para empezar a disfrutar de la ciudad, era dejar el equipaje en el hotel y el coche en la agencia y prescindir del mismo hasta el último día, ya en Holanda.


Al día siguiente cogíamos un tren hacia Amsterdam, dejando atrás todos nuestros días en Bélgica. El hotel lo elegimos cerca de la impresionante estación central de Amberes (ceentral station), con idea de poder levantarnos un poco más tarde y no ir apurados hacia la estación por si no encontrábamos un taxi o hubiera tráfico etc. Para quién le interese el hotel se llamaba Ágora, y a grandes rasgos diremos que el hotel estaba bien. Las habitaciones eran pequeñas, pero daba un poco igual, y por fin nos encontrábamos un baño con mampara y TV internacional, para poder enterarnos de lo que pasaba por aquí mientras nos dormíamos (pudimos ver hasta La Señora en TVE). Pero lo que os decíamos, nada que ver con el hotelito de Gante. Era una estancia fría, con modernidades (TV plana, tarima, baño de diseño) pero sin alma y sin apenas detalles para el cliente, es decir, unas buenas toallas, una buena calefacción, un buen colchón, boutique de baño o secador en condiciones etc. Pero bueno, al fin y al cabo eso es lo de menos, era un hotel bien situado y bastante decente.

Bueno, pues una vez dejamos los equipajes fuimos a dejar el coche. Volvimos en autobús, y como para ver Amberes íbamos mejor documentados (y había menos que ver), optamos por empezar a encontrar el famoso ayuntamiento (Stad) y las famosas casas gremiales (Guildhouses), caminando por una especie de Gran Vía llena de tiendas que acababa en un edificio parecido a la famosa torre de Madrid. Curiosamente ese edificio llamado De Boerentoren (Torre del Granjero) fue el primer rascacielos construido en Europa hacia 1932.


Pues aunque esta ciudad tenga fama de no tener mucho que ver, el recorrido por sus avenidas nos pareció interesante. También es verdad que el sol imperó durante todo el día, y eso quizás hizo más agradable esta cita con Amberes.

Anduvimos alrededor de una hora, y como íbamos bien de tiempo nos adentramos en un centro comercial dónde en su planta baja había otro Carrefour Express. No lo pudimos evitar, entramos a ver salsas, cervezas, chocolates y bebidas. Al final vimos poco, pero compramos unos bombones/trufa de la conocida marca Baileys (una bebida que tiene ya 35 años), y unas chocolatinas belgas de la marca Galler que si os somos sinceros veíamos por todos lados, y que curiosamente caímos en que aquí en Madrid las vende las tiendas Mallorca. Ambos dulces riquísimos. Totalmente recomendables.


Al poco tiempo de andar torcimos la calle, y nos encontramos la plaza Groenplaats de Amberes.


La plaza era impresionante, unas vistas preciosas con un lateral de la catedral al fondo, amplias zonas de restauración y la estatua de Rubens al centro. Merece la pena pasear por aquí.


Al rato, nos metimos por una hermosa calle (Oude Koornmarkt) dónde en seguida accedimos a la fastuosa plaza Grote Markt, una rival directa de la Grand Place de Bruselas.


Como no, aquí estaban las esperadas e impresionantes casas gremiales, dónde quizás exista una de las vistas más bonitas de todo nuestro viaje. Definitivamente esa arquitectura doméstica nos vuelve locos, y así es casi todo Amsterdam, ya os contaremos.


Aquí yacía la catedral de nuestra señora (Onze-Lieve-Vrouwe Kathedraal), una de las más grandes de Europa. Creo sinceramente que estas dos plazas son dignas de ver, y sólo por eso merece la pena venir a esta localidad porque te sientes una hormiga entre tanto amplitud de casas y edificios. Un punto caliente de la ciudad, sin duda, aquí sacamos humo a la cámara pese haber una maldita (brbrbrbr) retroexcavadora en el centro de la misma. En fin, lo bueno es que admirando las plaza encontramos un punto de información y entramos a preguntar.

A la salida de la plaza, nos dirigimos rumbo al río. Aquí se empezaba a divisar una nueva zona llena de restaurantes fast food, chocolaterías y tiendas orientados para el turismo. Aquí una tienda con unas 280 cervezas diferentes.


Y las calles, que eran dignas de ver.


Decidimos pues ir hacia el río y de paso visitar el castillo de Steen, que fue residencia de los últimos años de Rubens. Algunas casas eran alucinantes (¿qué bien queda la grúa verdad?).


Leímos en algún sitio que si has estado en Amberes y no has visitado su río, el Escalda, es como si no hubieras estado allí. Nuestro paseo por la orilla del Escalda se prologó por casi una hora y de forma relajada estuvimos sentados tomando energías al sol, admirando el puerto (uno de los más importantes de Europa), los barcos y organizando un poco lo que iba a ser la tarde.


De vuelta pasamos por varios barrios muy conocidos por la gente de Amberes, zonas de tiendas de discos de coleccionista, zona cultural, zona gay, zona de cervecerías etc. Y al intentar volver a alcanzar la Grote Markt, nos encontramos en una de las calles más bonitas de toda la ciudad, la Wijngaard Straat y aledaños (la de la foto de abajo es una callejón precioso cercano a la misma).


En esta tranquila zona se encontraban pequeños restaurantes que ya estaban cerrados, algunas tiendas de antiguedades y una bonita iglesia, la de San Carlos Borromeo. El sitio de verdad que era bucólico, y seguro que por la noche era ideal para tomar algo, así que nos sentamos un ratito en un banco debajo de un árbol y contemplamos la vista porque merecía la pena.


Eran las 16:00 y aún no habíamos comido, no teníamos excesiva hambre, así que optamos por algo rápido y nos fuimos en seguida a recorrer algunas zonas de tiendas pensando en andar para el hotel a descansar un rato. El madrugón de este día se estaba haciendo notar, y quizás parar un poco nos vendría bien para continuar el día. Así que de camino entramos una chocolatería Leónidas y compramos ya los bombones para la familia pensando que a lo mejor en Holanda no habría. Nos equivocamos, como venía pasando últimamente. Aquí compramos unas ginebras de sabores que veíamos en todas estas chocolaterías, una de vainilla y otra de chocolate que resultaron ser normales, aunque, ya podía haber pedido esto en el pub aquel de Gante.


A las 16:30 ya estaba literalmente anocheciendo, así que decidimos dar un paseo de vuelta por toda la zona comercial de la ciudad (pasando por el fastuoso y reformado centro comercial Stadsfeestzaal), mirando escaparates, tiendas y un poco la vida del ciudadano de Amberes.


Justo antes de llegar al hotel (larga tirada) nos metimos en otro supermercado a comprar algunas galletas y botes de salsas. Una vez acabamos nos fuimos a echarnos un rato hasta aproximadamente las 18:30.

Al bajar de nuevo, fuimos a ver las famosas tiendas de diamantes. Aquí llegó la anécdota del día. Nuestro amigo Gabriel entró a preguntar por una piedra ínfima en una tienda la cuál ponía en su escaparate que estaban al 70% de descuento. Quería ver si podrías comprarla y regalarla a alguien de su familia, no sé, entre varios pues si costaba 300€, 400€, podría asumirse. Pues qué ingenuos que fuimos, la insignificante piedrecita costaba la friolera de 4.200€. Madre mía, que costarían otras que vimos que eran 10 veces más grandes. ¿Y al 70% de descuento?. Muy fuerte. A todo esto, que sepáis que las tiendas, al menos de esta zona, no eran nada del otro mundo. Estos de Amberes presentan mejor los chocolates.

Como la cosa iba tomarnos la tarde de relax, una vez salimos de esta zona de bisuterías muy cercana al hotel, fuimos a ver la imponente estación central.


¡Guau!, flipamos, alucinamos. Nos pareció la estación más bonita que hayamos visto jamás, y nos quedamos por allí viendo esta pedazo de obra de arte con su trasiego de gente, interesándonos también en entender el significado en los paneles de andén, tren etc para al día siguiente no tener problemas. Paneles que podían poner en inglés o en francés, porque de verdad os decimos, se entendía un poco mal.

Luego fuimos a tomar una cerveza a un pub tipo irlandés y allí hicimos tiempo hasta la cena.


Entre nosotros, hablábamos que llegados a este día estábamos un poco estenuados, además a Gabriel le estaba empezando a doler una muela, y había que hacer algo al respecto. Así que la verdad es que sólo estábamos pensando en cenar prontito, subirnos a la habitación y descansar hasta el día siguiente. Las piernas dolían y apetecía llegar al hotel y ducharnos tranquilamente, organizar un poco las maletas, hacer las llamadas de teléfono diarias y acostarnos pronto antes del primer día hacia Amsterdam. Hacer un poco de vida casera a grandes rasgos aunque realmente se tratara de una habitación de hotel. Así hicimos.

Cenamos pronto y rápido en un restaurante que vimos en la zona cercana al hotel. No encontramos nada que nos convenciera totalmente. Vimos varios sitios que ponían los moules frites pero a Verónica no le gustaban. Además, a 24€ las 18 piezas ya los haríamos en Madrid porque la receta es bien sencilla. Estuvimos eso sí apunto de entrar, pero al final no lo hicimos. Aquí me acordé de Trota y de su post sobre los moules frites, así que no le di más vueltas.

En un primer momento quisimos entrar en un libanés, pero al final optamos por entrar a un italiano tradicional porque nos apeteció tomar una de las pizzas que el pizzero estaba haciendo en el escaparate. Como la cosa iba de antojos, y era una decisión a consensuar entre varios, optamos por entrar a éste.


Pedimos unas cerveza agria Kriek de cerezas para empezar. Buahhh, no nos gustó nada. Pedimos a ciegas, y nos llevamos la sorpresa. Al parecer es una cerveza muy apreciada pero no acompañaba para nada con esta comida. Tened cuidado.


Mantequilla especiada para acompañar un pan que nos pusieron bastante rico.


Y las pizzas, las 3 practicamente iguales (ingrediente de más o de menos). Un comensal se pidió ensalada.


La masa de las mismas estaba fabulosa, y el topping cremoso aunque el pepperoni se notaba que no era de buena calidad. Por lo demás, recomendable a 14€ por barba. Antes de salir, recordamos una anécdota con el dueño del restaurante despidiéndose de nosotros con un desconcertante "[..] suerte en la calle". Teniendo en cuenta que no parábamos en la mejor zona de Amberes, sólo pudimos echarnos a reír... mientras nos íbamos pitando a la habitación del hotel (por si acaso).

Ya en la habitación Lola y yo hicimos una pequeña reflexión sobre los días que habíamos estado por Bélgica. Y aunque estábamos cansados y ojerosos, la verdad es que todo había salido fenomenal. Además, no nos había hecho mal tiempo del todo. Había hecho frío, claro está, pero llover lo que se dice llover sólo por las noches a excepción del Sábado por la mañana en Gante.

Teníamos por otro lado muchas ganas de pasar una nueva página en nuestro recorrido, y de adentrarnos en la moderna Amsterdam. Sabíamos que íbamos a cambiar bastante de aires, y eso en realidad nos apetecía. Nos esperaba por delante unos días estupendos que al final cundieron mucho, ya veréis.

Continua aquí.

Buen fin de semana.

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13 comentarios:

  1. Me ha sorprendido bastante esta ciudad, no sabía que tenía ese tamaño, si es que la que no hemos visto mas que los molinos...

    Me ayuda mucho todo el detalle con que lo cuentas, porque nosotros probablemente pasaríamos parecidas visicitudes.

    Cuando acabes vuestro viaje, lo voy a echar de menos, no se si hacer un grupo entre los blogueros para financiaros otro rapidamente y que nos cuentes!
    Ah! que tengo que hablar con tu empresa para que te den vacaciones??? Eso es otro cantar!

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  2. Carlos, no he podido leer la entrada con detenimiento, pero solo con ver las fotos y leer tus comentarios, ya me has alegrado el día ****!!!!
    Como me gusta viajar....

    Se me olvidaba, el otro día no te dije nada, pero la crema de coliflor ha sido un triunfo total. La primera sorprendida, yo, que nunca pensé que una crema con coliflor pudiera ser tan suave. Deliciosa, para repetir.
    Gracias una vez más.
    Un saludo, Begoña

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  3. Que pasada de viaje,que bonito.
    Que tipo de construcción mas bonita
    Y que delicias has comprado, deben de estar de muerte los bombones.
    Es muy interesante conocer Carrefour de otros paises.
    Asi podemos ver lo típico del país.
    Yo por ejemplo en el Carrefour de Argelés Sur Mer ( Francia) compré una cosa malisima,típica de allí, se empeño mi pareja, se llma...
    Casoulette, era idéntico a nuestra fabada, pero con una especie de salchica de Francfurt por Dios....
    que malo!!!

    Espero impaciente ver la segunda parte...
    A ver que deliciosas sorpresas nos deparas.

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  4. Todavía estoy embobada viendo las fotos de Brujas y me pones hoy las de Amberes... verde de envidia estoy.

    Besos.

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  5. Precioso reportaje... muerta de envidia me he quedado

    Besos. Ana

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  6. Solo daros las gracias por compartir con todos este viaje tan bonito, las fotos hablan solas, es como se hubiésemos estado también allí y nos quedaran ganas de volver
    Muchas gracias, repito y Feliz Navidad y Año Nuevo.
    Desde Úbeda -Jaén-
    Un abrazo
    Mariana

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  7. Os deseo de corazón lo mejor para estas Navidades y que el próximo año sea más amable con todos, que tengáis salud y amor y siempre un buen amigo al lado para compartir lo bueno y superar lo malo. Que las penas sean pocas y breves y las alegrías infinitas.

    Un abrazo enorme de vuestra amiga Adi.

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  8. A tí y a los tuyos quiero desearos unas Felices Fiestas y que el 2010 llegue cargado de mucha salud y felicidad.
    Nos vemos a la vuelta para seguir compartirendo y disfrutando como hemos hecho hasta ahora.
    Con un enorme beso me despido hasta el año que viene!!!!
    IDania

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  9. Estoy leyendo tu blog y me he encontrado que este magnífico viaje. La cerveza Kriek, que yo la conozco por Belle Vue, me encanta. Casi siempre la pedía aquí en Granada, en un restaurante alemán de auténticos alemanes que por desgracia ya no existe. Es normal que no os haya gustado, porque más bien su sabor es como a tipo Champán en vez de cerveza, pero a mi me encantaba. Gracias por rememorarme estos recuerdos.

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  10. Mameha: No nos gustó pero como tú dices, esperábamos otra cosa, además, para acompañar las pizzas no nos pegó. Gracias a ti por escribirnos.

    Un saludo.

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  11. qué gracioso, vuestra experiencia con la kriek! ;-) Os recomiendo volver a Bélgica, a la zona "pajottenland" (cerca de Bruselas), para probar una "kriekenlambiek" : es la base de la kriek, como el "lambiek" lo es para la gueuze (el equivalente del champán dentro de las cervezas, sólo se hace en esa zona, con la levadura "en el aire" cf. el queso Roquefort), y es otro mundo! A mi no me gusta la gueuze ni la kriek (e incluso menos las de la cervecería más industrial de este tipo de cervezas, Belle Vue), pero las "lambieken" me encantan! Son buenas cervezas para acompañar guisos o platos picantes, porque tienen una acidez que combina bien.
    Saluditos, mis sugerencias (de cerveza) : Palm-Bolleke De Koninck (ambar, 5-6% alc); St-Bernardus, Rochefort, Orval (más fuerte, pero combinan bien con comida); Rodenbach, Drie Fonteinen lambiek (ácidas, genial en verano)...

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  12. Ilse, gracias por la información. Algún día volveremos y probaremos esa cerveza. Es información de muy buena tinta.

    Un saludo.

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  13. Carlos, como estoy de vacaciones, en casa por ahora(andamos de arreglillos), jeje, estoy curioseando por los blogs, me ha llegado tu nueva entrada, no he podido resistirme a comentarte esta primero.
    Nosotros fuimos hace dos años por nuestro 30 aniversario, fueron unos días maravillosos, visitamos, Bruselas, Brujas, Amberes y Flandes. Me trae buenos recuerdos, tantos que boya rescatar mis fotos. Amberes me precio eso muy cosmopolita, bueno al zona medieval es preciosa, la Iglesia de San Carlos Borromeo me sorprendió, es mas catedral que la de mi tierra :-))) y la estación de tren, no tengo adjetivos.
    ¿ Paseasteis por el barrio judío?? absolutamente sorprendente, nosotros estuvimos en Sabad, ¡¡ digno de ver a los fundamentalistas con su ropajes(abrigos), era agosto, con piel, esos gorros de pelo... estolas blancas ¡¡¡¡¡sorprendente . No nos dejaron entrar en ninguna sinagoga ¡¡ya nos hubiera gustado ¡¡¡
    Bueno sigue descansando, que pronto volverás a la cruda realidad, disfruta.
    Saludos desde Almeria, también calentitos, jeje

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**** A T E N C I O N     S I    D E J A S    U N    C O M E N T A R I O ****

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