03 marzo 2008

RESTAURANTE TRES MARES CRIADO

Bueno, de vuelta a la dura realidad os comentaré que hace un par de fin de semanas celebramos el bautizo de nuestro sobrino Carlos en un conocido restaurante gallego de la zona de Clara del Rey en Madrid llamado Tres Mares Criado (C/Corazón de María, 67). Las referencias que mi hermano y mi cuñada tenían eran suficientes como para pensar que elegirlo era al menos ir a tiro hecho y prefirieron asegurarse un menú de calidad en un sitio con cierto renombre en lo que respecta a cocina tradicional gallega, que arriesgarse con algo más puntero y novedoso. Además, sabían que la familia en general lo iba a preferir, y más la familia por parte de mi cuñada ya que son amantes de este tipo de cocina española.



Pues bien, el sitio la verdad es que no lo conocía pese a estar cerca de mi casa materna. Ni conocía su ubicación, ni su fama ni por supuesto su propuesta culinaria. Sabíamos (un mes antes) que mi madre había ido por allí a comer con algunas vecinas en alguna ocasión y que la verdad es que le había gustado mucho, pero poco más. Así que sería una sorpresa .

Pues a ver por dónde os empiezo a contar, nada más entrar impacta mucho la exposición de género fresco que tienen en barra y los embutidos que tienen colgando en las paredes. También en la calle, el resturante posee una especie de escáparate muy típico de las marisquerías de nuestro país, dónde pudimos presenciar deprisa y corriendo las mejores piezas del local, merluzas, cajas de cigalas, ostras etc. Quise sacar fotos de todo esto pero no tuve tiempo, además al salir de la cena ya lo habían recogido todo y me fue imposible fotografiarlo. De todas maneras esto nos pasa por llegar como quién dice los últimos, y además desde la entrada el exceso de atención en este sitio desbarataba cualquier plan de fotografiar tranquilamente las cosa, nos atuvimos al protocolo de recepción de ser acompañados hasta la mesa, y poco más. ¡Si es que estaban cuatro o cinco personas esperando a que entráramos y nos sentáramos!.


Bueno, pues nos sentaron sin más y empezamos a disfrutar del festival de género. Objetivamente nos atendieron muy amablemente y nos sirvieron cómo era de esperar, muy rápidamente. Ojo, es algo elogiable por su parte pero a mí no me gusta tanto el exceso de atención en los restaurantes. Bueno, mi hermano y mi cuñada eligieron para la cena un albariño que a posteriori descubrí que era un compañero de bodega del famoso vino albariño Martin Codax, por lo que en seguida me expliqué por qué nos gustó tanto (también lo sirvieron a excelente temperatura). Perdonad, hablo del albariño Burgans. Y en cuanto al agua mineral, nos plantaron en las mesas la excepcional agua gallega Cabreiroá. Creo que en cuanto a bebida fueron unas excelentes elecciones para esta especie de menú degustación de pescado y marisco.


Nos pusieron de aperitivo con los vinos unas olivas y el servicio de pan con aceite de oliva, así la gente se acomodaba e iba pidiendo los segundos platos al maître. Al poco empezaron a traer los primeros platos (a compartir) con tal rapidez que por un momento las mesas se llenaron de un colorido tal que daba gusto verlo, raciones variadas que cómo no nos diéramos prisa se iban acabar enfriando.



Empezamos con un exquisito pulpo a la gallega sólo comparable con el que nos pusieron en O'Recanto o incluso el O'Cruceiro. Excelente, tierno, grueso y perfectamente oficiado, como a cualquiera le gustaría. Un 8 sobre 10.


Luego seguimos con unos solitarios pimientos del padrón de los que carezco de fotos porque la única que hice salió desenfocada. De todas formas poco que decir de algo que no me priva especialmente pero que entiendo que guste mucho a la gente. De todas formas no probé ninguno que picara, así que todos salieron del clan de los 'non'. Me gustaron más los excelentes chipirones rellenos que pusieron acompañados de unas patatas panadera.


Después vino el plato estrella del comienzo del menú, la mariscada variada. Esta mariscada se compartía para cuatro y se componía de gambones, langostinos tigre, patas, buey de mar y percebes. El marisco no es algo que me apasione especialmente, pero he de reconocer que su calidad era notable, que al fin y al cabo es lo que más interesa. Sirvieron también alguna ración de ibéricos con una excelente ración de exquisito pan tumaca, todo ello servido especialmente para los alérgicos al marisco (que los había). A todo esto, ración que también interpreté como excelente pese apenas probarla.



Una vez recuperados de los abundantes chupeteos y mordiscos aparecieron los esperados segundos platos. Podíamos elegir ventresca de bonito, lubina a la espalda, merluza en salsa o chuletón de buey. Yo pedí ventresca y cometí un craso error porque ni me gustó el corte, ni su sabor que era demasiado pronunciado. No es que estuviera en malas condiciones, es que soy muy delicado con el pesaco. Además, fuera de temporada los pescados son más bastos y poseen en general menos calidad que en temporada. Entonces, qué se podía esperar. A veces me dejo guiar por algunas preferencias (el bonito me encanta) y nunca me paro a pensar en estas cosas. Coincidimos mi tía y yo.


En cambio probé la lubina a la espalda la cuál estaba formidable. Y no digamos la pinta del chuletón que según cometaban estaba fantástico. La merluza en salsa también la probé, pero tampoco me hizo especial gracia, insisto, no porque la merluza estuviera mala, para nada, estaba muy fresca y muy sabrosa, si no por la salsa para mi gusto tenía mucho regusto a marisco. Aunque os vuelvo a recordar, soy más delicado con el pescado que con otros alimentos, lo sé. Para mí el pescado fuera de casa tiene que servirse en buena fritura, o a la plancha. Reconozco que soy un poco especial con las salsas.




De postre una sencilla tarta de queso que estaba buena pero que hubiera preferido que fuera de chocolate, que la hubo para otros comensales que la pidieron a parte, pero llegué tarde.


Por último sirvieron licores y café, aunque estos me los salté por el tema del coche.

En definitiva un gran menú gallego aunque yo elegiera mal. El servicio de pan y de aguas fue formidable, no faltó de nada en ningún momento, y el pan estaba tierno y crujiente (digno de mencionar). Pues nada, que para mí el único 'pero' del restaurante fue lo demasiado 'amables' que eran con todo, sobre todo a la hora de servir la bebida. Es algo que mucha gente agradece pero que a mí personlamente no me gusta nada. Eso de estar charlando en una mesa (por muy grande que sea) y tener a todas horas brazos a la izquierda sirviéndote el vino, el agua, el licor todo... E incluso alguno dudando de la copa y preguntándote constantemente que si "..esa copa es de agua o de vino señor". Uffff.

Gracias por todo, nos lo pasamos muy bien.

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