Pues bien, este año le ha tocado el turno a los chiles serranos y a los habaneros, destacando sin duda (y de nuevo) la producción de estos últimos. También quería destacar la buena germinación del habanero 'chocolate', un chile de color marrón oscuro que a mí particularmente me resulta muy bonito. Lo curioso, es que éste no picaba mucho más que el habanero normal, cuando en la escala Scoville es mucho más picante, y esto será debido de nuevo al clima tan árido del pueblo, o a la calidad de la semilla.
Con los chiles serranos hicimos este año nuestra famosa salsa Subiaco Monk Sauce que es siempre un acierto por lo fresca, agria y dulce que es. Y con los habaneros, este año optamos por hacer la pasta de pimiento que suele preparar uno de los amantes del picante más grande que conocemos, el señor Julián. Ambas recetas las tenéis en el blog y son exquisitas, de hecho, preparamos siempre las dos porque con la preparación de Julián podemos tener salsa picante para muchas semanas ya que, al conservarse en aceite de oliva, dura muchísimo en nevera. Y ojo, ambas preparaciones se podrían congelar.
Por otro lado, mi hermano y mi cuñada pasaron este verano unas pequeñas vacaciones en el País Vasco español y francés, y nos pudieron traer pimientos de espelette, unos pimientos que descubrimos gracias a mi cuñada hace ya la friolera de 17 años, y que desde entonces no los habíamos vuelto a adquirir. Nos trajeron además de los pimientos secos, algunos subproductos hechos con ellos. Destacamos sin duda el aceite picante con espelette que nos parece excepcional y que usamos siempre que comemos pizza, verdura o pasta. Por otro lado, la salsa picante normal es muy agradable, y el polvo de pimiento tiene un picante justo, muy apto para todo el mundo. La verdad es que este tipo de pimiento es poco conocido fuera del País Vasco (y alrededores), y es una delicia que poca gente conoce.
Por último, queríamos compartir un par de anécdotas relacionadas con el picante. Ya sabéis que soy un consumidor habitual desde hace muchos años y que llevo media vida probando salsas y pimientos de todo tipo.
En los últimos meses me han ocurrido dos cosas que nunca antes me habían pasado, y una de ellas ha sido especialmente determinante. Precisamente con uno de estos botes de habaneros de la cosecha del año pasado, me puse a tomar la salsa directamente con unos nachos. Al cabo de un rato empecé a sentir un dolor intenso en la boca del estómago y terminé metido en la cama, retorciéndome de dolor.
La experiencia me pilló completamente por sorpresa. La salsa Subiaco es un producto muy natural y siempre he tenido una gran tolerancia al picante, sin embargo, aquello fue diferente y me hizo empezar a replantearme que en realidad, no somos conscientes de nuestros límites.
En otra ocasión, durante este verano, empecé a notar un dolor bastante intenso en las manos, como si me hubiera quemado al tocar algo y sin comprender muy bien cuál podía ser la causa. Me había llevado de vacaciones varias guindillas secas de una variedad especialmente picante (absolutamente extraordinaria) y solía desmenuzarlas con los dedos para añadirlas a distintos platos. No fue hasta varios días después cuando até cabos y comprendí lo que había ocurrido. La capsaicina había permanecido en contacto con la piel más de lo que imaginaba y aquella sensación de quemazón no desaparecía con nada. De hecho, se intensificaba cada vez que tocaba algo caliente o me lavaba las manos con agua templada. La verdad es que fue una experiencia bastante desagradable. Acabé pasando al menos tres días con esa sensación persistente, una especie de ardor constante que, aunque no era insoportable, resultaba muy molesto y difícil de ignorar.
En otra ocasión, durante este verano, empecé a notar un dolor bastante intenso en las manos, como si me hubiera quemado al tocar algo y sin comprender muy bien cuál podía ser la causa. Me había llevado de vacaciones varias guindillas secas de una variedad especialmente picante (absolutamente extraordinaria) y solía desmenuzarlas con los dedos para añadirlas a distintos platos. No fue hasta varios días después cuando até cabos y comprendí lo que había ocurrido. La capsaicina había permanecido en contacto con la piel más de lo que imaginaba y aquella sensación de quemazón no desaparecía con nada. De hecho, se intensificaba cada vez que tocaba algo caliente o me lavaba las manos con agua templada. La verdad es que fue una experiencia bastante desagradable. Acabé pasando al menos tres días con esa sensación persistente, una especie de ardor constante que, aunque no era insoportable, resultaba muy molesto y difícil de ignorar.
Así que os aviso, por muy adictivo, atractivo y digestivo que sea el picante, mi recomendación es tomarlo siempre con moderación, aunque seamos propensos a tolerarlo muy bien. No os hagáis los valientes nunca, porque por todos es sabido que las cosas muy picantes cambian mucho el sabor de la comida, y al final, la tontería os puede pasar factura. Por otro lado, mucho cuidado al manipularlo con las manos, nosotros para hacer las salsas usamos siempre guantes de látex, no nos confiemos en que no los tocamos apenas. Porque que te duelan las manos bueno, pero que nos rasquemos luego un ojo...
Carlos Dube.



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