Mi hermano, mi cuñada (y mi sobrinín) han venido de unas largas vacaciones por Andalucía, y en concreto por la zona de Huelva, Cádiz, Granada y Málaga. Pues en la mochila, y como quien dice, han traído historias, anécdotas, algunos productos interesantes, muchas fotos y algún que otro reportajillo sobre sitios, restaurantes etc que ya os iremos publicando cosillas. Y cabe destacar que desde el punto de vista culinario que es el que nos interesa, de este viaje han venido un poco decepcionados. De todos los restaurantes que han visitado que por sus circunstancias han sido muchos, se han traído en general una impresión un tanto negativa, siempre y cuando uno tenga en cuenta que recurrieron mucho a la improvisación, y que a algunas de esas cocinas 'grandes' no tuvieron la suerte de poder ir por estar cerrados fuera de temporada. Además, han partido de la base que si un sitio es bueno, pidas lo que pidas debería de tener cierta calidad, y aunque esto es relativo, este hecho marca totalmente la experiencia. Así que echando cuentas, han tenido mala suerte. En el tintero se han dejado más de una decena de sitios que, o eran muy mediocres o sólo eran sitios de 'echar de comer'. Pero aún así, han conseguido destacar dos o tres bares y/o restaurantes de todo el viaje y que desde aquí en Mercado Calabajío nos haremos eco.
Pues cuando nos lo comentaron, Lola y yo nos llevamos una gran sorpresa sobre todo cuando además nos sueltan que había sido uno de los peores viajes en cuanto a lo culinario se refiere, y aunque no es la primera vez que les pasa (en otros destinos) tampoco iban de 'nuevas' por Andalucía. Es que por sacarle punta al tema, incluso se quedaron de piedra en sitios emblemáticos de Almuñecar dónde ya había comido en otras ocasiones. De verdad que al final empezaron a sospechar que tenían algún tipo de mala sombra, porque mira que se sentaban con hambre y nada, la fastidiaban una y otra vez. Sin ir más lejos, y con esto acabamos, el año pasado estuvieron por la misma zona y vinieron mucho más contentos.
Bueno, pues vamos con los buenos, y hoy os vamos a comentar cosas sobre uno de esos sitios de calidad a destacar, el bar Cádiz de la localidad de Medina Sidonia, en el mismo Cádiz.
Todo lo que tomaron en el restaurante les gustó, y eso que nada más empezar no les pusieron ni mantel para comer. Pero bueno, si luego todo esta bien, es el menor de los problemas. Cabe destacar eso sí, que a este sitio ambos legaron con cierto antojo de queso, estaban un poco cansados de arriesgar y como mi cuñada es una de las personas más queseras que conocemos, todos los platos se pidieron alrededor de este lácteo (ahora os daréis cuenta de hasta que punto llega su pasión).
Empezaron la jornada con unas tortillitas de camarones cien por cien caseras, las cuáles resultaron crujientes, poco grasientas (fritas en buen aceite de oliva) y en definitiva bien oficiadas. Ninguna pega al respecto. Lo curioso es que Rosa (mi cuñada) era la primera vez que las probaba y le encantó.
Luego le siguió un extraordinario mil hojas de berenjena y jamón con salsa de queso. Algo que les pareció acertado, agradabel, buenísimo. La salsa excelente, la berenjena bien preparada y muy jugosa. Quizás fuera el plato bandera de la comida junto con el curioso postre que ahora os mostraremos (dicho por los dos). Cien por cien recomendable.
A continuación pidieron boquerones fritos que resultaron aceptables. Aquí no pudieron opinar lo contrario porque aunque no fue sorprendente, olía y sabía a buena fritura, es lo mínimo que se puede pedir.
Por último, y como la cosa fue de queso, unos pimientos del piquillo rellenos de queso con una bechamel muy ligera. El plato muy bueno y precioso el plato de la presentación.
Al final, y como antojo, un queso de cabra con miel de caña y nueces. Las nueces eran abundantes y las servían como tostadas. El contraste era muy bueno, pero una persona sola no podría con él, es muy contundente y sobró. Pese a que la presentación es espectacular, la miel estaba practicamente pegada al plato, y era complicado remover todo, no obstante estaba muy bueno. Quizás, y por ponerle una pega, el plato necesitaría algo que lo aligerara.
Para finalizar, una sorprendente mousse de higos semi industrial, concretamente de la empresa del Puerto de Santa María llamada Pepe Mesa, con una estupenda capa de caramelo líquido napándola que no decepcionó en absoluto. El postre resultó ser muy natural, suave, ligero y con el tamaño adecuado. De sabor de verdad que muy recomendable.
Por último el café y la cuenta. 36€ las dos personas, un precio extraordinario para lo que tomaron. El trato además fue correcto, el sitio agradable aunque informal y la comida en general muy recomendable.
Salud.










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