Nuestra escapada para la recogida de aceituna (edición 2026)

Como cada año, queremos compartir con vosotros un breve resumen de nuestro periplo aceitunero en el pueblo de mi suegro. Para quienes no lo sepan, mi suegro es de Retamal de Llerena (Badajoz) y tiene varios olivos en el exterior de su casa de los que recogemos la aceituna que destinamos al aliño. Se trata de una tradición familiar que mantenemos desde hace ya más de una década, aunque él ya llevaba machando por su cuenta algunos años antes. Además, con la excusa de la recogida aprovechamos para pasar unos días por allí, darle una vuelta a la casa y disfrutar de algunos de los grandes atractivos de esta comarca como son sus excelentes productos gastronómicos, la tranquilidad del entorno, el aire limpio y puro y el agradable clima de su otoño. 


Pues bien, fuimos el pasado fin de semana conscientes de que la cosecha iba a ser escasa debido a la poca aceituna que habían dado los olivos en verano. De hecho, tuvimos que recurrir a la generosidad de algunos amigos del pueblo para completar una cantidad digna y poder llevarnos a Madrid una buena provisión para aliñar. Todos los vecinos coincidían en que la producción había sido notablemente inferior a la de otros años en toda la comarca, y no es de extrañar. La ausencia prácticamente total de lluvias durante septiembre y las elevadas temperaturas registradas a lo largo del verano, han pasado factura al olivar. Algunos lugareños comentaban que hacía años que no veían tanta aceituna 'pasa' en los árboles, un síntoma evidente de la escasez hídrica que ha sufrido la zona. Pero basta con contemplar el estado de la campiña para comprobar el estado del campo, un aspecto seco y apagado que contrasta enormemente con el verde exuberante que mostraba durante la pasada Semana Santa.

Es más, siempre que bajamos por allí hacemos una parada obligada en el bar La Parada (Plaza Calderón de La Barca) en Zalamea de la Serena (Badajoz), donde solemos comprar aceituna de mesa nueva para poder empezar a disfrutarla desde ya, mientras mi suegro cura las nuestras. Este año, nos llevamos una sorpresa al comprobar que todavía no las tenían disponibles y según nos contaron, habían decidido retrasar la recogida una quincena con la esperanza de que las lluvias de estas pasadas semanas ayudasen a que la aceituna engordara un poco más. Finalmente, no fue así, y la recogieron hace apenas una semana, por lo que las aceitunas seguían aún en pleno proceso de curación y no nos las pudimos traer. Por suerte, mis suegros siguen aún por allí, y ayer mismo las cogieron y enviaron foto (curiosamente bajo la marca aceitunas Segura). Veremos a ver... 

A todo esto, ya os hemos comentado en otras ocasiones que en este bar sirven, probablemente, uno de los mejores bacalaos rebozados de toda la comarca. Eso sí, tenemos que reconocer que ya no preparan aquel espectacular rebozado 'suflado' que hacían hace años y que tanto nos recordaba al de algunas tabernas históricas de Madrid, como Casa Labra o La Revuelta. Es muy probable que hayan cambiado de cocinero o incluso lo lleve algún familiar por jubilación de Pascasio Gil. El caso es que ahora apuestan por un rebozado más ligero y fino, más cercano a una 'romana' que a la clásica 'pavía'. Aun así, el bacalao sigue estando magnífico, muy bien desalado, jugoso y con un sabor excelente. Además, tenemos la sensación de que ahora se sirve mucho más limpio de espinas que antaño, por este lado se agradece a la hora de disfrutarlo también nuestro hijo Jorge. 

Comentaros que también en Zalamea venden unas perrunillas increíbles en el obrador El Cristo de Zalamea (C/Pío XII, 21), una auténtica delicatessen dentro de la comarca. Nosotros llegamos el viernes por la tarde confiando que estuviera abierto, y menos mal, pudimos comprar las perrunillas normales (grandes) que son doraditas, hojaldradas y con un sabor tradicional impecable. Y probamos también las palmeritas, pero sentimos decir que no nos gustaron. Aquí lo mejor es no salirse del guion y comprar los dulces más tradicionales (perrunillas, rosquillas, flores, pestiños etc). 

También dejar constancia que en Zalamea se puede adquirir un excelente pan que venden en la panadería García (C/Trascorrales, 35). Nos salvó que por la tarde lo vendía también en un comercio cercano, bien envuelto en ese clásico plástico liviano con agujeritos. Compramos sus dos tipos de panes, el de 'leña' y otro con harina por encima que no sabemos cómo lo llaman. También traen pan de otra panadería de Castuera que no recordamos el nombre, y que está también muy bueno. Estos panes son ideales para comer durante días, ya que congelan muy bien. Ideales para hacer migas, tostadas, sopas de ajo etc. A veces echamos de menos tener un arcón para aprovisionarnos de estas joyas, porque este pan descongelado le da mil vueltas al pan reciente y tierno que venden en Madrid.

Pues tras la recogida de la aceituna el sábado que fue algo rápido, nos fuimos a comer el famoso cachopo del bar Jamonalia (C/República de Cuba, 5) en Almendralejo (Badajoz) con las expectativas justas. Pero caray, qué equivocados que estábamos, todos coincidimos que no nos habíamos comido un cachopo igual en ningún otro sitio. Un empanado fantástico y nada grasiento, con un interior magro y jugoso (al parecer utilizan ternera asturiana) y con un sabor exquisito. Pedimos el cachopo básico (mejor Cachopo de Extremadura 2024) con queso suave (tipo Casar), jamón ibérico y pimiento verde, una verdadera delicia de casi un kilo. Nos quedaría probar para otra ocasión la versión campeona 2025 (quesos ahumados, panceta ibérica de bellota y yema de huevos confitada) y la versión campeona 2026 (quesos asturianos, panceta y yema de huevo confitada). Los precios de estos cachopos son de 24€ y hay que encargarlos antes de ir.

Todo lo demás que pedimos estuvo bien, aunque nos arrepentimos de pedir raciones como el lagarto ibérico y el timbal de berenjena, que mucha gente lo pidió y tenía muy buena pinta. De todas formas nos ha encantado que relativamente cerca del pueblo haya un sitio donde ir a comer estupendamente a precios muy populares.

Por último comentar, que el fin de semana transcurrió entre paseos, algunas compras, saludos a la familia y poco más. Siempre es un placer acercarnos por allí en estas fechas, y aunque los pueblos son lugares pequeños, sin grandes distracciones ni demasiada actividad, su mayor atractivo reside precisamente en lo cotidiano, el contacto con la naturaleza y esa sensación de desconexión que tanto se agradece.

Carlos Dube.

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