¿Por qué el precio de las hortalizas está por las nubes?

La globalización es un fenómeno entre curioso y desconcertante. Sin darnos cuenta, nuestra cesta de la compra se ha ido llenando de productos que viajan miles de kilómetros antes de llegar a nuestra cocina, y aunque esto nos ha permitido disfrutar de frutas y verduras fuera de temporada, también ha traído consecuencias muy negativas, sobre todo porque nos hemos vuelto extremadamente dependientes, y el precio final de los productos que consumimos ya no depende exclusivamente de factores internos del país, sino de múltiples elementos de carácter internacional. 


En las últimas décadas, los orígenes que vemos en las etiquetas de muchos productos han ido cambiando. Lo que antes venía de industrias, fábricas y huertas de nuestros alrededores, ahora puede llegar desde países transoceánicos con normativas agrícolas muy dispares. Y aunque durante años se repitió la idea de que esta competencia era positiva para el consumidor porque abarataría los precios, la realidad a día de hoy demuestra que no es así. Es más, esta terrible globalización lo que ha provocado realmente es que el que tejido industrial y agrícola dentro de nuestro país haya entrado en un estado casi comatoso, provocando que el empresario o el agricultor deje de operar por aquí y casi todo se importe de fuera. Y esto no está ocurriendo solo en España, pasa en muchas partes del mundo occidental, y es que todos hemos visto en externalizar la casi totalidad de la producción en algo moderno y transgresor, y ahora vemos que toca apechugar.

Todo esto viene porque durante mucho tiempo pensamos que el precio (por ejemplo) de las hortalizas dependía sólo del clima, las plagas o de los costes del transporte, y no, existen otros factores clave que han pasado bastante desapercibidos, por ejemplo, los fertilizantes. Alrededor del 70% de la producción de fertilizantes nitrogenados depende del gas natural, y buena parte de este mercado se concentra en Oriente Próximo y Asia Central. Y bueno, sobr decir que estas regiones atraviesan ahora mismo tensiones y mucha inestabilidad (Estrecho de Ormuz), y ya estamos viendo que los precios de todos los productos de consumo se están disparando, y esto acaba repercutiendo (y mucho) en el bolsillo del ciudadano.

En España, y según datos del Ministerio de Agricultura, el coste de los fertilizantes llegó a subir más de un 80% entre 2021 y 2023, y aunque había bajado ligeramente su precio en los pasados meses. Pero con esta guerra de Oriente Próximo esta subida se ha vuelto a producir y va a subir inevitablemente el precio de las hortalizas (tomates, pimientos, berenjenas, calabacines, calabazas, cebollas), y ya veremos qué más nos deparará.

Y si has ido últimamente al mercado, lo habrás notado ya. Algunas hortalizas han triplicado o incluso cuadruplicado su precio respecto a hace cuatro o cinco años. El tomate maduro, por ejemplo, ronda hoy los 3,50 €/kg de media, y las variedades de mayor calidad pueden llegar hasta los 6 €/kg en algunos comercios, no digamos ya los más premium. Lo mismo ocurre con el resto, y esto no es una realidad que ocurra sólo aquí, es una tendencia real que afecta a toda Europa.

Y aquí llega la parte que creemos que más va a doler, los amantes del gazpacho van a tener que ir preparando el monedero si son asiduos a tomar gazpacho a diario en verano. Preparar unos 3 litros de gazpacho para una familia de tres ocuatro personas va a rondar los 10 € atendiendo a los precios vigentes, y esto ya no se lo va a poder permitir todo el mundo. Es más, abrirá un escenario interesante, el gazpacho comercial, especialmente el de las marcas blancas, se sitúan en precios, por ahora, bastante más bajos. Hoy en día, un litro de gazpacho envasado de marca blanca ronda los 2€ el litro, lo que hace que muchos consumidores se planteen cambiar la batidora por el tetrabrik. Ya llevamos muchos años sacrificando palatabilidad por comodidad, y aquí se abre la tormenta perfecta para que este sector despunte.

Y no solo se lo plantearán los consumidores, muchos restaurantes van a optar por bases industriales de tomate para sus gazpachos y salmorejos, porque preparar la versión fresca saldrá menos rentable en menús del día o en sus cartas.

Aun así, y viendo la que está cayendo, de vez en cuando aparecen comercios que aceptan el hecho de poner como reclamo productos que se venden casi a su precio en origen y lo hemos visto precisamente con el tomate. Esta semana, por ejemplo, el tomate de rama nacional vemos que tiene un precio de media en el mercado nacional de unos 1,53 €/kg, y en cadenas como Lidl lo ofrecen a 1,59 €/kg. Son ofertas con precios ajustadísimos que funcionan muy bien para atraer gente, pero que el esfuerzo no se lo puede permitir todo el mundo. De hecho, hemos ido ayer por la tarde y estaban agotados, lógicamente la disponibilidad de este tipo de reclamos suele ser muy limitada.

Carlos Dube.

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