Tenía poco más de treinta años cuando comencé a pasar parte de los veranos en La Mata, Alicante. Transcurridos ya más de 20 años, contemplo con cierta tristeza cómo este pequeño paraje costero alicantino ha perdido prácticamente toda su esencia, toda su identidad. Esta playa urbanizada, situada entre el parque natural de Guardamar del Segura y la metrópoli de Torrevieja, albergaba hasta hace no muchos años una oferta gastronómica y hostelera modesta pero que, a mí, personalmente, me parecía muy valiosa.

Y la pena es que gran parte de esta oferta ha desaparecido para siempre ya que, entre otras cosas, los restaurantes, tiendas o particulares, los cuáles ofrecían algo diferente y único, o bien, ya no existen, o bien, sus productos y/o cartas han cambiado por completo. Y es que había una oferta de productos de ámbito local muy interesante, y si nos permitís, os ponemos algunos ejemplos. En las tiendas se encontraba fruta de excepcional calidad (melocotones de Cieza de gran calidad, ciruelas dulces y jugosas, melones, nectarinas, paraguayas, o incluso uvas moscatel o plátanos fantásticos). También, y en Semana Santa, naranjas y pomelos de una calidad excelente, vendido por tiendas y particulares. En cuanto a las hortalizas, aquí hemos comido unos tomates de categoría que se vendían en varios puntos del pueblo, pero sobre todo en la plaza del Consistorio, y en concreto en las Bodegas Simón. O también las patatas, excelentes, las judías verdes (de tipo bobby), o las ñoras frescas, todo era muy bueno. En lo referente a los tomates, creemos que Bodegas Simón ha cerrado para siempre por la muerte el año pasado de su propietario
Simón Pérez García.
Así mismo, podíamos encontrar en los supermercados fácilmente conservas vegetales de la zona, especias autóctonas como la ñora molida, azafrán valenciano, diversos aceites de oliva de la comarca (ya sólo los vemos en algunos restaurantes), o el característico vino ‘clarete’ local, con el que solíamos preparar aquella
sepia sangochada de Torrevieja.
Es más, una cosa que siempre nos hemos preguntado es por qué se adquiría una carne de pollo tan excepcional, de hecho, hasta algún restaurante preparaba un pollo asado fabuloso que, aunque lo sigue sirviendo en su carta, ya no es para nada lo que era. Esto era algo que me trasladaba a mi más tierna infancia.
Únicamente en el ámbito de los dulces, La Mata conserva aún algunos productos de excelente calidad como su pan de 'La Mata', su mona, sus bizcochos o la empanada. Esto se lo debemos a una panadería y obrador llamado
Miguel Hernández, que lleva abierto en el centro del pueblo desde principios de los años 70 y que sigue apostando por el buen hacer. No obstante, tenemos que decir a nuestro pesar que notamos algunos cambios en la receta y tamaño original de la toña, y aunque no ha desmejorado su bocado, creemos que ha perdido algo de calidad. En cambio, su pan, sigue siendo excelente.
Monas y bizcocho largo de M. Hernández
Por otro lado, destacar dos productos más, las patatas fritas de bolsa de
M. Soria La Pilarica, que siguen siendo una de las patatas de bolsa con mejor sabor y calidad que conocemos. Y, por supuesto, la venta de almendra frita murciana, que por esta zona es excepcional y se vende a un precio aún muy bueno. La conseguimos en Guardamar, en La Mata y proviene la mayor parte de la parte de Orihuela, Santomera ambas muy limítrofes con Alicante. De verdad que si no fuera por estas pequeña joyas esto parecería un erial gastronómicamente hablando.

Y es que parece que hemos decidido entre todos que el 'efecto Mercadona' invada nuestras vidas. La gente no se complica y compra lo que conoce, y si necesita algo básico, como el pan, o la bebida, entonces sí acude a las tiendas de la costa. Lógicamente estas tiendas se han adaptado con los años a esta realidad y apuestan por rentabilizar la caída de clientes recurriendo a productos globales y mediocres los cuáles se pueden encontrar en cualquier otro lugar.
En cuanto a los restaurantes y bares, la situación es la misma o peor. Salvo algunas contadas excepciones, la mayor parte de la hostelería ofrece una propuesta basada en platos internacionales, o nacionales de un perfil muy bajo, es decir, todo en base a producto congelado, raciones tradicionales mal ejecutadas (frituras grasientas, arroces mal hechos, carnes y marisco y menús del día). Se acabaron los guiños a lo local, los detalles en la mesa, al 'fuera de carta', se acabó la sorpresa y el disfrute. Encima el plato es bastante más escaso y un ticket más caro.
En conclusión, podríamos hablar de la misma manera de otros lugares que conocemos igual de bien, pero éste lo tenemos muy reciente. La autenticidad en la oferta gastro se desvanece en casi todos los ámbitos, se apuesta sin titubeos por la rentabilidad, por anteponer la oferta de comida rápida e internacional a la cocina más identitaria. Y aunque lógicamente no conocemos toda la oferta hostelera torrevejense, desde hace unos años es casi misión imposible encontrar sitios que ofrezcan algo verdaderamente diferencial.
Sin embargo, parece que a la gente todo esto le da lo mismo, y más al extranjero que sólo se plantea consumir kebab, buffets asiáticos, Mc Donalds o sus currys, y se está dibujando peligrosamente un paisaje gastronómico sin valores donde, además, 'echar de comer' es la norma principal, porque no os penséis que se hacen bien las cosas por el lado foráneo.
Parece que sólo unos pocos añoramos la idea de que un paraje de costa no tiene porque sólo ser playa, 'paella mixta' y gin tonics, nosotros pedimos algo más principalmente porque en su día existió.
Es el mercado. amigo (buena frase de un buen delincuente)
ResponderEliminarReleyendo, releyendo… he llegado hasta aquí.
ResponderEliminarComo bien comenta el amigo de arriba, es el mercado…. es lo que hay. Nos hemos acomodado muchísimo y la verdad es que “el efecto Mercadona” nos ha allanado bastante el camino.
Lo discutimos en alguna que otra ocasión mi prima Ana y yo. Parece que cada vez merece menos la pena salir a comer fuera. Los mismos platos en casi todo sitios, marginando y dejando a un lado el recetario local o comarcal. Todo para ponérselo muy fácil al cliente. Que vaya sobre seguro. Que no tenga que preguntar qué es esto o aquello y mucho menos aún probar. Y encima de todo, con elaboraciones y platos mal ejecutados, sin gracia. Pero como argumenta Ana, vivimos ya en una sociedad que no cocina en casa. Todo lo más calienta en el microondas. Y claro, a esta gente cuando sale a comer por ahí, todo lo que le pongan por delante, aunque muchas veces sea mediocre, le parece excelente, una delicia.
Siempre pongo el ejemplo del pescado cuando hablo de estos tiempos en los que vivimos. Por el negocio de restauración donde trabajo, han pasado un montón de compañeros veinteañeros, muchos ya viviendo independientes e incluso teniendo su propia familia. Te quieres creer que ninguno pisa una pescadería normalmente. Es que no saben ni lo que es una caballa, un jurel o una bacaladilla. Y por supuesto ni pajolera idea de cocinarlos. Qué esperas de ellos cuando salgan a un pueblo costero a almorzar ¿que pidan una zarzuela de marisco, un guiso de pescado? . No, como mucho y con suerte, una paella. La misma que le sirven a los guiris.
“No te asustes del futuro, ese monstruo no vendrá” cantaban Nacha Pop hace cuarenta años. Pues ese monstruo, ya está aquí. Como decía antes, es lo que hay.
Antonio Martínez desde Granada.
Gracias por tu comentario Antonio, estamos totalmente de acuerdo contigp.
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