27 ago. 2018

¿Por qué bocados os peleabais en vuestra casa?

Este es un post que teníamos que haber hecho en aquellos primeros años del blog, cuando hablábamos de todo y os hacíamos muchas preguntas. Pero inexplicablemente no se nos ocurrió, pues bien, hoy os lo traemos con toda la ilusión del mundo, porque estos bocados han formado parte de nuestra evolución dentro de la cocina y son, sin duda, preferencias de peso que no podíamos dejar pasar por alto. Hemos seleccionado 12 preferencias todas aún vigentes, esperamos que a pie de post nos contéis las vuestras.

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Foto extraía de Pxhere

1. Piel y curcusilla del pollo asado. En casa se ha comido mucho pollo, es un animal que nos encanta en cualquiera de sus preparaciones. Cada uno tenía sus preferencias según la preparación, pero estaba claro que había un bando de 'la pata' y otro bando de la pechuga. Yo me incluyo en el de la pechuga aunque si el pollo era asado o frito me daba igual qué parte me tocara. El caso es que frito o asado la piel era lo más suculento y especial, y ninguno en la mesa regalaba su parte de 'piel' porque era lo más rico. Y recuerdo que había una parte del pollo que era la devoción de mi padre y era la curcusilla. Siempre decía que era donde se concentraba todo el sabor, algo similar al rabito del cochinillo, y en ese sentido ninguno la queríamos. Uno de los pocos privilegios, según él, que tenía a la hora de comer. Había que ser padre para entenderlo.


ARROZ CON POLLO PANAMEÑO21

2. Perejil de la sopa de cocido. Os preguntaréis, qué demonios es esto. No hace mucho mi madre nos recordó que cuando preparaba la suculenta sopa de cocido con arroz y sobraba para el día siguiente, casi siempre le añadía unas ramitas de perejil a la cocción (enteras) y, a veces, pimiento morrón fresco en trocitos y un tomate escalado en el caldo y majado, aunque de esto último yo no me acuerdo. Pero sí recuerdo esas ramitas de perejil cocidas en la sopa y recuerdo que eran la pelea de todos nosotros. Menuda tontería, ¿verdad? Pues qué rico que estaba. Lo volveremos a hacer porque todo este post ha surgido de este detalle.

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Foto extraída de Gallina Blanca

3. Higaditos del arroz con pollo. Mi madre echaba siempre unos higaditos en el arroz con pollo que eran la perdición de mi hermana y mía. Es una combinación poco popular, casquería con arroz, pero ese bocado estaba exquisito. De hecho, un par de higaditos se lo echaban a mi madre con el pollo troceado pese a que estos se vendían aparte para las preparaciones de casquería tradicionales. Este tipo de detalles solo los tiene el comercio de barrio. Suma y sigue.


4. Comienzo o 'porra' de los churros. Tiene razón mi hermano cuando dice que con los años cada vez nos gusta menos, nos referimos a esa pequeña bola de masa que muchos churreros formaban y freían a la hora de empezar a formar la rosca del churro, lo que muchos llaman porra. Cuando éramos chicos era una parte que prácticamente se sorteaba, de hecho, en algunos sitios se apartaba para dárselas a los clientes que se llevaban la rosca entera o eran buenos clientes. Y también hemos oído que se cobra de diferente manera. El caso es que una parte del churro bastante irregular pero que gusta a mucha gente por su grosor, y porque, seamos sinceros, es original.

Los churros por aquí los bordan #almuñecar

6. Tuétano del cocido. Qué duda cabe que el tuétano se ha puesto de moda en estos años y no es de extrañar, porque además se ha visto que bien aliñado, con toques ácidos y frescos, es una verdadera delicia. Quizás por este motivo actualmente a los ciudadanos de a pie nos resulta difícil el acceso a tuétanos como los de antes, abundantes, grasos y de tono blanquecino al cocer. Ahora casi todos son procedentes de cámaras, descongelados y el tuétano tras la cocción sale oscuro y algo deshidratado. Aquí en Madrid, sólo en los comercios de barrio se localizan piezas de calidad, sobre todo si uno es buen cliente. Pues bien, el tuétano era otro motivo más de disputa entre mi hermana y yo. ¡Qué delicia! Nos encantaba tomarlo después de la sopa, mojado en pan y punto.

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7. 'Costra' de los macarrones. En casa los macarrones al horno los comemos con una costra deliciosa de quesos, jamón y chorizo. Algo que una gratinado es una verdadera delicia. Pues bien, la costra era una de esas cosas que hacía que los macarrones al horno en mi casa estuvieran a otro nivel. Como es posible que algo tan sencillo estuviera tan bueno, además, se gastaban los quesos ya duros y se usaba un jamón de taco barato. Cuantos buenos momentos nos ha dado ese plato y nos dará.

MACARRONES CON CHORIZO-22

8. Parte socarrada de las gachas de almortas. Al igual que pasa en los arroces, en las gachas familiares que preparamos en casa, la parte agarrada a la sartén es toda una bendición para el paladar. Es un bocado sabroso, umami, perfecto para redondear la degustación de este suculento plato de invierno. Ya nos gustaría prepararlas en el campo, cada vez es más complicado plantearlo, pero en casa no sale mal. Ya sabéis por otros post que la preparación que hacemos es muy personal, las gachas manchegas no llevan tantos aderezos, pero vamos, de la simpleza hemos preparado un plato perfecto para todo el que lo prueba.

GACHAS 2016-31

9. Primeros cortes del jamón ibérico. No os descubrimos nada, estamos seguros de ello, pero cuando comenzamos un jamón, aunque éste sea de cebo normal, el bocado es untuoso y maravilloso. Todavía recuerdo cuando en mi segundo destino laboral íbamos todos los viernes a un mercado cerca de Argüelles a hacernos la 'vaca', que era un bocadillo de jamón descomunal que nos preparábamos con una chapata recién hecha y comíamos luego en un despacho. Menudo momentazo era aquello y siempre que íbamos nos comenzaban un jamón. Fue ahí cuando descubrí que, aunque el jamón me encantaba, esta parte era sin duda la mejor y desde entonces intento no perderme ningún comienzo de jamón dentro de mi entorno familiar.

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10. Cabeza merluza frita. Quizás sea uno de los bocados marinos favoritos de mis padres. También lo era de mi suegra. Eso de chupetear huesos y espinas ha pertenecido a una generación que poco a poco nos va dejando paso a la que adoramos los cortes más magros, menos sabrosos y más planos. No sólo antaño se hacía porque se aprovechaba todo, se hacían también porque son piezas exquisitas. Pero además extraían su máximo sabor masticando partes de cartílago y espina fina. En fin, nunca hemos compartido esa afición pero tiene todo su sentido. Por ponerle una pega, quizás se cocinaba demasiado.

Cabeza merluza frita
Foto extraída de mblancoc1

12. Salsa de las cigalas. Siempre hemos dicho que quizás esta salsa sea la salsa más excelsa que conozcamos. Similar a la la clásica salsa al ajillo picantona de los cangrejos de río y con la que uno no puede parar de mojar pan. Está tan rica que la cigala pasa a un segundo plano. ¿Qué estamos locos? Pues es posible, pero seguramente es que no lo habéis probado.

CIGALAS EN SALSA

Salud.

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22 comentarios:

  1. En mi casa los hermanos nos peleábamos por "rebañar" la cazuela en la que mi madre hacía la bechamel para las croquetas de huevo, sobre todo las partes socarradas. Si conseguías alguna cucharada con un poco de huevo, era ya glorioso.
    Por cierto, viendo que hablas de las porras y sabiendo que tienes relación con La Serena, yo recuerdo (no se si aún es así) a una familia de churreros ambulantes que hacían unas porras (las llamaban Jeringas) esponjosas y crujientes por fuera con un sabor (no se si debido al aceite) que hacía que las comiéramos sin mojarlas en nada, para no alterar su sabor. Si te tocaba una con la bola que comentas... era como comerse un bollo maravilloso.

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    1. Muy interesante, se lo comentaré a mi suegro y a unos amigos que son de allí.

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  2. Cuando íbamos al pueblo y la vecina nos traía calostros, había pelea, el que primero los pillaba no dejaba ni el plato, ya que era algo que podíamos comer muy pocas veces y no demasiada cantidad, dependía de las cabras de la vecina....

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    1. Nos ha fastidiado!! Manjar de dioses y de solo unos pocos!!

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  3. Los muslos del pollo asado. Una auténtica pelea familiar, sobre todo entre hermanos, pues nadie se decantaba por la pechuga. Estas batallas campales se siguen produciendo a día de hoy.

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  4. Por las galletas oreo que venian en los surtidos de galletas Cuétara, sólo 2 por piso de la caja, y eramos 3 hermanos. Ahora ya venden cajas sólo de Oreo!!!

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  5. Los tronchos de la lechuga. Cuando me tocaba a mí hacer la ensalada los escondía bajo otros ingredientes, así luego iba a tiro hecho a pescarlos. Lo suyo era alzar el tenedor con un gesto de triunfo delante de los demás.😝

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  6. El agua de coco recién abierto por mi padre en tiempos de la feria de verano, la costra de los macarrones (pero sin chorizo en mi casa, con salchichas!), la manzana más arrugada del frutero (cosas mías y de mi padre), las varillas de montar nata y la grasa de las costillas de cordero al horno o brasa. Madre mía, me encantaba de pequeña y ahora se me revuelve el estómago de pensarlo xD.

    Qué bonitos recuerdos :)

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    1. Curioso todo Liliana! Gracias por tus aportaciones!

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  7. La nata de la leche hervida, la bechamel que sobraba de la cazuela cuando preparaban canelones. Gracias por el post.

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  8. Coincido con la costra de los macarrones y la piel del pollo. Me encantan estos posts...

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  9. En mi casa peleábamos por la rana más gorda!!!... Me refiero a las ancas de rana rebozadas, de esas que ya no existen! 😅

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    1. Todos decís lo mismo, supongo que porque vendrán congeladas y de criaderos de China

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  10. Daria lo que fuera por volver a pelearme con mi padre por el tuetano del hueso del cocido... En mi casa se llama cañada. Nos peleabamos en broma porque me lo acababa comiendo yo hasta que fue mas mayorin que me encantaba cederselo.

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  11. Pues en mi casa no peleaba con nadie, ya que yo era más glotón que mis hermanas, pero siempre me pirraba (y me pirro) por rebañar con el dedo la fuente del relleno de las croquetas de cocido o las sobras del relleno de atún, tomate y huevo para empanadillas, rascar el "pegaillo" del arroz en la sartén, y como no, escurrir bien los sobrecitos del caramelo royal usado para los flanes y sorberlos hasta que quedaban completamente limpios. ¡Qué sencillos y al mismo tiempo grandes placeres!

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  12. En mi casa las "peleas" con mucho humor y cariño eran por comernos la crema pastelera con chocolate que quedaba en la olla en la que mi madre la preparaba para luego hacer la mítica tarta de la abuela de galletas. No sé si el recuerdo tan bueno que tengo era por la crema o por los momentos de familia

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