Hola a todos. Recientemente estuvimos en Sevilla y acudimos improvisadamente al famoso restaurante Río Grande sito en plena calle Betis, en una envidiable situación junto al río Guadalquivir y frente a la emblemática Torre del Oro, muy cerca del puente que enlaza con la conocida Avenida de la República Argentina. Por si alguno no lo sabe (nosotros no lo sabíamos), este restaurante es una de las cocinas más conocidas de Sevilla, que con un cierto corte taurino en su decoración y clientela, recoge el nombre de la traducción al castellano de la palabra Guadalquivir (wadi al-Kabir) que significa Río Grande.
Pues bien, estos fogones están regentados por un joven chef andaluz llamado Jose Luis López Baena del que con razón piropean en su propia web. Nosotros nos sumamos a este elogio porque ese día dimos fe de su dominio con parte de la cocina tradicional andaluza. Lo vimos no sólo en nuestra mesa, si no en las mesas de alrededor. Aunque os daréis en seguida que la foto de cabecera dónde sale la torre del Oro, no hay nadie, pues no es porque el restaurante no se llene, en absoluto, si no porque fuimos de los primeros en sentarnos ya que comimos sobre las 13:20 ya que sólo tenían una mesa libre para tres, algo que desde luego no nos arrepentimos.
Pedimos además pocas cosas pero viendo sólo estas tres fotos, percibiréis la gran calidad del trabajo de este chef y de su equipo de jóvenes cocineros, que en menos de 6 años han cambiando el origen llano y popular de un local que se erigió en 1956 con una sóla barra (creemos que al lado del actual restaurante), por un compromiso culinario firme y digno de mencionar.
Antes de contaros, destacar que el restaurante recibió el año pasado un premio por parte del Fehr, Federación Española de Hostelería, antigua Federación española de Restauración, premio de gran trascendencia en la cocina a nivel nacional. Además de estar recomendado por la Gourmetour en el 2007 y por la guía de restaurantes y hoteles de España y este mismo año. Simplemente los premios hacen justicia a la cocina de J.L. Baena.
Pues una vez nos sentaron, nos dieron una original carta dónde podías encontrar varios arroces, carnes, pescados, verduras, sopas, gazpachos y algún que otro plato interesante. Todo lo que vimos por las mesas nos gustó mucho, aunque nos llamó mucho la atención una mesa dónde celebraba una comunión. Allí pidieron a espuertas lomos de bacalao al horno con gulas y gambas que servían a cada comensal. ¡Qué buena pinta tenían!, se veía que la gente disfrutaba mucho y eso es porque seguro que estaban para chuparse los dedos.
La pregunta (una vez comidos) es la siguiente ¿os gustaría comeros una fritura de pescado hecha con materia prima de excelente calidad, y como mandan los rigurosos cánones de la buena fritura?. ¿Sí? Pues sin duda este es vuestro sitio. Increíble. Hacía tiempo que no nos comíamos una fritura de pescado con tantísima calidad como ésta, y no sólo lo decimos nosotros, lo decían algunos comensales que estaban a nuestro alrededor. Qué cosa tan fina madre mía, los boquerones, los calamares... muchísima gente la pedía y la verdad es que con razón. Era todo un lujo para el paladar si además se acompañaba de una excelente ensalada de la casa, perfectamente presentada y con sabor, además de un ligero aliño previo. Juntos era una combinación perfecta.
A continuación pedimos un arroz de marisco para compartir entre los tres. Excelente. El grano estaba en su punto (algo complicado si se improvisa, no os creáis) y con un golpe final que horno que nos emocionó. Quizás, y por ponerle un pero, le echan algo más de colorante del deseado, pero ante un arroz en su punto y con muy buen sabor, pocos 'peros' valen. No teníamos ya mucha gana y nos lo acabamos como unos campeones.
¿De beber? tomamos una (creo) inédita agua con gas de Lanjarón llamada Fonteforte, la cuál, fue una muy agradable sorpresa que en boca me gustó mucho con un gas añadido robusto y mucha gordura. La verdad es que aunque creo que nunca la había probado, siempre he jurado que en los extintos supermercados Alonso que había en Madrid traían (hace más de 20 años) un agua con gas de Lanjarón creemos que en botella verde, lo que no sabemos es si se llamaba así o no. En fin, como no debíamos beber mucho alcohol, al pedir unas claras simplemente ojee la carta y me pareció la carta de vinos bastante decente.
¿La relación calidad precio?. Buena, pero no era barato. Es que la calidad se salía del plato, por tanto, aunque salimos a unos treinta y pico euros por barba (sin postre pero con abundantes bebidas y refrescos), lo damos por muy buena relación.
Esta calidad sin duda se paga. Repetiríamos a ciegas.
Salud.











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