Si existe un sitio que haya sido clave en la vida de mi familia ese sin duda ha sido el mercado de
Las Ventas en
Madrid. Desde que en
1933 mi
abuelo materno
Elías, montara una
tienda de artículos/productos variados (o lo que antes se llamaba '
colmao') con su hermano
José, en los aledaños de la actual ubicación del mercado de
Las Ventas, mi familia materna ha estado ligada a este lugar física y emocionalmente, pese a dejar de vivir desde el año
1960 en la casa que estaba encima de la propia tienda y disgregarse a los alrededores del barrio. Aún perduran muy vivos esos recuerdos imborrables de una infancia, por otro lado ya muy lejana, llenos de historias, amigos, familias y negocios tras un paseo que nos dimos mi madre y yo la semana pasada por el propio mercado y aledaños. Mi madre no me paraba de repetir las historias de su niñez junto con algún dato nuevo muy interesante. Este
post no pretende contaros la vida y obra de la familia de mi madre (nos lo quedamos para nosotros), si no de la propia historia de mi familia, con los sitios que todavía perduran (en los aledaños del mercado), y algunos puestos de venta existentes aún.
Pues es que el otro día, y aprovechando que tenía un día libre en el trabajo, nos acercamos mi madre y yo por la ruta de compras que ella hace el día que va al mercado, es decir, todos los
Miércoles del año. Y os preguntaréis, ¿Por qué los
Miércoles?, pues porque es un día que está a la mitad de la semana, ya se ha vendido lo que ha sobrado de la semana anterior (hay buen pescado), y algún detalle más que ahora os contaré. Fue un día muy especial, con una buena charla, la sorpresa de algunas tiendas que no conocía etc. Qué gran día ha sido en mi casa el
Miércoles en todos los sentidos. Siempre me acordaré de la reuniones en el salón de casa de mis padres con mi hermano y/o mi hermana organizando junto a mi madre nuestro famoso
plan de comidas semanal, y adaptando el
menú a nuestros compromisos, o si os digo la verdad, casi siempre era al revés, adaptando nuestros compromisos al menú. Eran unos tiempos que sabemos que nunca más se repetirán, pero los recuerdo muy cerca, demasiado. Reviven siempre que vengo por aquí o por casa de mis padres, pero sobre todo cuando como lo que muchas veces nos prepara ella.
Bueno, vamos a grano. La excursión empezó siendo visual, y tomó su inicio cuando pasé por una de las
tiendas más emblemáticas del barrio de mis abuelos, la que vende
carne de lidia desde tiempos inmemorables. Es más, sabemos que está dónde está desde que se hizo el nuevo
barrio de la Concepción y en concreto la
Avenida Donostiarra, todo ello justo después de la
guerra civil. Hablo de la
carnicería Victor Aguirre, en el número
11 de esta famosa calle.
Antiguamente el ganadero y fundador homónimo, empezó a vender esa carne sofocada procedente de los adentros de los toros lidiados en la propia
plaza de toros monumental de la Ventas (entre otras plazas)
a los clientes que quisieran prepararla en casa. Era una
carnicería modesta pero muy conocida y concurrida, y estaba escasamente a
200 metros de la plaza. Yo probé esa carne hace muchos años (hace más de
18 años) y en
filetes, e incluso en una ocasión en tacos para
fondué en casa de mi viejo amigo
Carlos Honrado. Si no la habéis probado nunca os diré que es
carne oscura, de mucho sabor pero más dura que la carne de
ternera fruto de la raza, de la
edad del animal, del
sexo y (dicen) del sofoco que el toro se lleva antes de su muerte dentro de dicha plaza. Ahora, esa práctica de traer directamente carne de los
toros sacrificados de las
plaza de toros no está permitido ya que antes todo esto no estaba regulada. Así que el negocio y hace relativamente poco se reconvirtió (además el ganadero falleció) y ahora lo lleva otra gente (probablemente algún hijo) y sigue siendo una
carnicería pero que vende
carne de lidia certificada,
carnes ecológicas, y un variado de
ternera de gran calidad. Hace mucho que no compramos allí, pero la tienda es todo un éxito porque siempre que pasamos está llena.
Después de dejar a un lado la emblemática
carnicería, pasamos por el famoso despacho de
pollos Cotolino (
Avenida Donostiarra, 12). Siempre hemos pensado que los
pollos Cotolino son de los mejores
pollos asados de toda a zona, pero claro, estaréis de acuerdo conmigo en que esta apreciación puede pecar de algo de subjetividad porque los llevamos comiendo toda la vida y nos hemos 'enganchao' a ellos. Pero imaginaros una tienda ancestral que sigue vendiendo
pollos a destajo con
3 españoles dentro despachando o trabajando. Lo primero que pensaréis es que eso tiene que dar dinero. Pues efectivamente lo tiene que dar, porque además tienen alguna tienda más (de
pollo fresco) en el propio
mercado de Ventas, y venden como churros. Os puedo asegurar que algunos
fines de semana, la tienda de la
Avda. Donostiarra se llena de
tal manera que
la cola da la vuelta a la esquina. Además, siempre que huelo a
pollo asado, huelo al portal de mis abuelos (vivían al lado).
Pues los
pollos son los típicos
pollos asados en armarios (como en muchos sitios) pero los hacen muy bien. Además son pequeños, y los preparan con una
salsa muy especial
con un regusto a
brandys o
vino de moscatel único en el mundo. La última vez que los comí (no hará ni dos meses), me seguían pareciendo fabulosos, pero vamos, a las pruebas me remito. Se venden por si sólos. Bravo chicos.
En fin. Pues bajando de la
Avenida Donostiarra y con mi madre al brazo y en sentido
Las Ventas, nos adentramos por la calle
Virgen de la Roca ya muy cerca del propio mercado. Allí curiosamente todos los
Miércoles abre otro despacho de venta pero esta vez de
huevos frescos de
granja que también os adelanto que es todo un éxito en la zona. La tienda se llama
Granja Alcarria (Virgen de la Roca no me acuerdo del número).
En esta tienda de dueños guadalajerenses y parca en decoraciones y esnobismos, se venden
huevos frescos a destajo, y de todos los tamaños y colores, a la par de alguna vianda típica de la
Alcarria y de
Guadalajara que pueden ser desde
salchichones caseros hasta
jabones con
aceite de oliva. Nada más
entrar te llama la atención un cartel que te avisa que aunque son
huevos procedentes de
gallinas enjauladas, no provienen de cámaras y sólo llevan puestos
24 horas. Por tanto ya hay una gran diferenciación con el resto de huevos comerciales, no hay más que cascarlos y ver que están fresquísimos y recogiditos.
Esta gente vende
huevos todos los días de la semana, pero lo hacen en varios puntos de
Madrid. Aunque os digo que esta tienda no lleva en el barrio de
Ventas toda la vida (ni mucho menos), deberá de llevar
15 años o algo más, pero aquí me pilláis. Lo que si que es seguro es que se han hecho con una clientela importante y muy asidua porque además los precios son muy ajustados (de
0,95€ la docena de
huevos pequeños hasta
1,95€ la docena de grandes). También suelen tener de
dos yemas.
Sobra deciros que desde que la tienda abrió, mi madre compra aquí los
huevos no para ella si no para toda la familia. Siempre le pedimos una docena y da gusto comerlos el mismo día porque insisto se nota que son super frescos, que es lo más importante a la hora de comer
huevos de gallina.
Una vez con los
huevos en el carro (que luego se acaban), nos perdemos por la calle
Virgen del Coro hasta que divisamos el fastuoso
mercado de Las Ventas. Qué bonito, aunque antes lo fue más. Siempre que lo veo imagino que va a ser una mañana de compras portentosa. Y siempre lo es.
Pero antes de entrar, de nuevo otro alto en el camino, la pastelería
Mifer (
Virgen del Coro,
15). Nosotros la llamamos de broma '
Mâifer', en alusión a un inventado anglicismo, pero la pastelería es más castiza que el cucurucho. La
pastelería está regentada desde no hace mucho por un prestigioso pastelero madrileño llamado
José Sierra, ganador de varios concursos nacionales e internacionales de
pastelería, con una dilatada carrera que si buscáis por
Internet encontraréis cosas. Nosotros (mi chica y yo) no hemos comprado nunca, pero mi madre y mis hermanos son grandes clientes, comprando excelentes
Roscones de Reyes y una especialidad que no os podéis perder, la
mil hojas con nata. Tienen
dulces muy variados,
pasteles, turrones, polvorones, en fin, la tienda es pequeña pero no veas tú lo que abarca. Excepcional.
Una vez compramos unos
bollos, nos dirigimos por fin al famoso
mercado.
Las Ventas lleva en esta zona desde hace casi 7
0 años (como
Mercado de Canilllas), siendo en sus primeros comienzos lugar de ventas e intercambios entre familias y comerciantes a pie de calle. Desde que se instauró como tal, ha sufrido varias reformas y algún movimiento importante como el que aconteció en el año
1995, en ésta gran remodelación el mercado quedó en lo que ahora mismo es, con miles de metros cuadrados de
tiendas, puestos de trabajo para cientos de personas
y hasta una tercera planta de
productos ecológicos (
2006) que la verdad es que nosotros no frecuentamos. El mercado toma el nombre de
Las Ventas con los años, por el influjo de la estación de metro '
Las Ventas' (que no es la más cercana), zona que a todo esto se llamó antiguamente
Las Ventas del Espíritu Santo.El mercado además de posee una variedad de puestos de gran calidad, posee una gestión de aprovisionamiento, de formas de pago y una logística de carga y descarga que es famosa en toda la
comunidad de Madrid, con una accesibilidad total, rampas, ascensores y parking privado. Luego cafetería, modo de pago con tarjeta, cajeros etc. Nada que ver con lo que era antes.
Nosotros la verdad, es que tenemos nuestros puestos favoritos, aunque alguno de ellos han ido desapareciendo con los años (
Salva y su yerno, ¡qué
tomates Raf tenían!). Bueno, mi madre compra ahora en muchos puestos variados, aunque de entre sus predilectos están algunos que ahora os muestro, aunque ya os aviso que no salen todos porque no me dio tiempo a sacar muchas fotos.
En esta última visita nos quedamos con el precio de los
cardos frescos, de los
carabineros, de la
gamba de
Huelva y del
besugo de pincho, y los pescaderos nos decían que este año la
gamba y el
carabinero estaban más baratos que el año anterior que ya por estas fechas el
carabinero costaban la friolera de
70€ (en Las Ventas, que por ahí lo veía a
90€) y a
36€ la gamba. Este año no subía de
50€ el
carabinero y
26€ la rica
gamba del sur. No se lo explicaban, pero que esto era así, la oferta y la demanda está claro. El
besugo en cambio, que se me olvidaba, ¡qué piezas!madre mía, a
34€ el kilo, es decir, si te llevabas un
besugo de
3 kilos (que lo vimos como se lo llevaban) te sale el animalito a
100 euritos nada más y nada menos. Hay que estar locos si se compra ahora por sólo ser tradicional, otra cosa es que el pescado te pirre y no puedas estar sin comerlo
2 semanas seguidas. O te sobre el dinero claro.
Del puesto de la
Milagros (lo llevan ahora su hijo y mujer) nos llevamos una
pescadilla de pincho excepcional por
13€ el kilo. Pues cardos vimos muchos, pero de
Valencia o de
Madrid (excepcionales los de la zona sur) pocos. Los vimos a
4€ el kilo los
cardos medianos de
Navarra, aunque vimos uno de
Toledo (cubierto a mano según el tendero) a
20€ la pieza. Los que compra mi hermano estarán este año a
40€ la pieza, eso sí, super
cardos de
8 kilos. Los podéis ver
aquí.
Setas vimos ya pocas,
oreja de vaca, seta de chopo, portobello,
shiitake algún
boletus en baja forma y los ultimísimos
níscalos (creo que traídos de la
sierra de Grazalema), a unos
8€ el kilo. No me llevé estos
níscalos porque tengo congelados aún en casa, pero eran medianos y estaban muy bien conservados.
De algunos años aquí nos llama poderosamente la atención la cantidad de productos orientados a la inmigración que se pueden ver, ahora eso sí, a excepción de alguno que otro en general no eran nada baratos (las limas más baratas a
3€ el kilo). Es curioso, pero muchas veces hemos pensado que este tipo de mercados realmente lo mantienen este colectivo y el de señores mayores o jubilados, porque siempre hay muchos clientes de estos segmentos y eso es muy agradable de ver, porque notas que mantienen o traen la verdadera cultura de mercado, y al final son una pieza clave para que el
mercado no desaparezca.
Por lo demás sobra deciros que el paseo resultó ser super emotivo y agradable. A las dos horas y media nos fuimos para casa (a la de mi madre) a preparar un aperitivo y la comida. Con un cuarto de gambitas de
Huelva debajo del brazo y una cerveza muy fría, recordamos los mejores momentos de la vuelta mientras veía a mi madre cómo preparaba una de las mejores y más fáciles sopas del mundo.
En breve os la publicaré, que ¡cómo la comida de una madre no hay ninguna!.
¡Qué paséis una feliz nochebuena y día de Navidad!.
Nos vemos el Viernes por aquí.
Salud.