Nosotros hacemos bastantes, sobre todo porque a mi chica le encantan, o por las visitas y para algunas cenas rápidas de esas que llegas a casa reventado, aunque bien es verdad, que mi madre también nos surte de ellas cada vez que las hace en su casa. Pues de casa de mi madre destaco las de jamón, las de croquetas de espinacas, cebolla caramelizada y piñones, y las de bacalao. Las tres son quizás mis favoritas. De las nuestras destaco éstas, las de bacon y cebolla, y las de chorizo. Aunque claro, alguna se me olvidará en el tintero porque hemos hecho siempre de varios tipos. Pues yo creo que son las de cocido, unas de las que más me gustan, y el secreto de unas buenas croquetas del cocido, a nuestro juicio está en el picado de la carne, y claro está, en el suculento chorizo.
Pues os podréis imaginar que en definitiva la preparación de estas croquetas es muy simple. Sólo es cuestión de conservar limpias las sobras cárnicas y prepararlas (por ejmplo) al día siguiente. Y lo que he querido mostrar con este post no es la originalidad de la receta (como es lógico), si no insistiros para los que no lo sepáis que aprovechando lo que os sobra de la cocina, y más, si proviene de este manjar tan nuestro como es el cocido madrileño, se obtienen preparaciones suculentas y de un poderío importante dentro del menú semanal.
¿Tomáis nota?. Los ingredientes son, morcillo (podéis reservar para este plato las carnes más hiladas), gallina o pollo (muy limpios), chorizo (sin piel), jamón y opcionalmente tocino fresco (nunca el añejado o rancio). Luego harina, pan rallado, huevos de calidad, media cebolla, mantequilla, leche entera (al menos templada), pimienta negra (recién molida), nuez moscada y sal.
Pochamos la cebolla con el aceite y la mantequilla hasta que quede transparente. Otra cosa es que queramos hacerla muy pochada, pues muy bien.
Mientras, iremos picando muy finamente las carnes, atendiendo siempre a ternillas, huesecitos, y partes que no nos gusten. Todas ellas deben de eliminarse por completo. Yo empleé unas tijeras para trillarlo, pero podéis pasarlo perfectamente por una picadora de vaso (en modo suave).
Una vez pochada la cebolla en la grasa, nos dispondremos a echar la carne y luego la previsible harina. ¿Cuánta harina? pues una cucharada sopera colmada. Luego algo más de medio litro de leche para 18-20 croquetas pequeñas (más o menos), y algo de sal y pimienta.
Ahora iremos removiendo sin parar mientras vaya cuajando la leche con la harina. Si queréis ver como se hacen las croquetas sin grumos, mirar este post. Echar pimienta al gusto, la sal, el concentrado de carne (si se quiere) y una traza de nuez moscada.
La textura de la bechamel debe de quedar espesa y más o menos así.
Una vez hayamos terminado (probarlas que la masa está buenísima), tapar con un papel film (plástico) para que no se reseque la parte de arriba y una vez fría meter en la nevera (podéis hacer la masa incluso un par de días antes). El caso es que esta masa debe de estar muy fría para poderlas moldear correctamente.
Una vez todo listo empezaremos con el rebozado. Echar un par de huevos batidos para empezar y un plato de pan rallado. Qué sepáis que se puede usar harina en el reboce.
Una vez rebozadas las iremos colocando en un plato a la espera de congelarlas o de freírlas. Algunas nos salieron un tanto irregularemos porque la masa no lo tuvimos demasiado fría por las prisas, y se nos fastidiaron al moldearlas. Hay muchos métodos para hacerlas, a cada cuál mejor. A mí el que más me gusta es en frío estirarlas en una tabla como si fuera plastelina y en forma de cilindro largo. Luego cortar el mismo con un cuchillo o tenedor en trozos (croquetas) a partes iguales. Pero nosotros empleamos otro método, y es recoger la masa con una cuchara, y con otra cuchara moldear la misma pasando la masa de una a otra.
Listas...
Salud.














































































