11 marzo 2008

TORRIJAS AL VINO BLANCO, LA SEMANA SANTA A LA VUELTA

Hola a todos. Este año parece que se acercan las calóricas fechas de las torrijas un poco antes de lo habitual ¿verdad?. Y es que según la tradición católica el primer Jueves con luna llena que haya entre los meses de Marzo y Abril debe de caer el Jueves Santo, y por tanto la Semana Santa. Este año además creo que es la más prematura de estos últimos cinco años y es que todavía no nos hemos recuperado de la Navidad y ya estamos inmersos en esta semana de la pasión tan rica en platos tradicionales y por supuesto en postres (pestiños, roscos, hornazos, huevos y monas de Pascua etc).


Y ya os habréis fijado que se empiezan a ver los clásicos panes de torrijas en las panaderías, tiendas y supermercados, panes que por otro lado os reconozco que casi nunca compramos porque en mi casa la torrija la hacemos con pan de barra normal y corriente, porque entre otras cosas salen prácticamente igual de buenas que las (se supone) más chic. No obstante hemos comprado muchas veces este pan y te das cuenta que es verdad que arrasa en pastelerías, bares y restaurantes. Pero qué queréis que os diga, por muy bien la gente profesional las oficie, su calidad será como mucho la misma que muchas de las que se hacen en casa, pero por su presentación y tamaño (que a veces ¡las he visto enormes!) te cobrarán una cosa u otra, y os recuerdo que no deja de ser un pan remojado que tú mismo puedes hacer con una hora de tu tiempo.

Claro, muchos no tenéis este tiempo para hacerlas, y diréis bueno por comprarlas no pasa nada, es verdad, una vez al año no hace daño, pero si viérais lo fácil que son elaborarlas ¿opinarías igual?. Es muy fácil en serio, sopesad además que si os gustan mucho por el precio de una podéis hacer veinte iguales. Además, las mejores torrijas las he comido siempre en las casas, y creo que he probado muchas de pastelerías, y es que muchas mamás y papás le ponen un cariño tan especial a este postre tan arraigado en nuestra cultura, que eso se nota.

Bueno, pues en mi casa también ha habido siempre mucha tradición , ahora, cada vez mi madre hace menos cantidad y últimamente las hace variadas, es decir, mitad de leche y mitad de vino blanco (la familia ha crecido y los gustos también). De todas formas esto ya no es lo que era aunque a nosotros personalmente nos siguen gustando más las de vino blanco, las de leche también nos gustan ojo (no seremos especialitos), pero las vemos menos carismáticas (será por la costumbre).

He mirado y remirado por Internet, y debe de ser verdad que se desconoce el momento exacto en el que las torrijas comienzan a prepararse en las casas más humildes, probablemente comenzaran en la Edad Media, pero no sabe seguro. Lo que se sabe eso sí es que a partir de aquí la receta se extendería con rapidez por toda la península ya que los ingredientes por aquel entonces ya eran fáciles de adquirir. Se sospecha que el inicio de los inicios pudiera estar relacionado con las iglesias y conventos dónde vivían muchos fieles o daban de comer a los más necesitados, era un modo de aprovechar el pan sobrante junto como pasaba con las migas, y esto acabó conociéndose.

He leído también por Internet algunas simbologías curiosas tales cómo la que nos cuenta un tal Esteban Fernández de la Asociación Empresarial de Pastelería Artesanal de la Comunidad de Madrid y "[..] Las torrijas, al igual que la Semana Santa, representan la vida y muerte de Jesús. Según el rito católico, el pan es el cuerpo de Cristo, que muere en este tiempo, del mismo modo que la base de las torrijas es pan muerto. La leche, los huevos y la fritura -nos detalla- se entienden como los baños necesarios para que el cuerpo resucite y dicha fritura refleja el sufrimiento del Señor. Se produce la resurrección del pan muerto y de ahí la consideración de postre divino". Tiene su sentido, pero desde luego para el que lo quiera ver así.

En fin, vamos a lo que voy. La preparación de las torrijas al vino es harto sencilla. No voy a enseñaros hacer las de leche porque seguro que ya las sabéis hacer. El pan que compraremos debe de estar lo más cocidito que podamos (oscuro) y debe de tener una corteza no muy abrupta, el caso es que el que compremos debe de embolsarse (por ejemplo) hoy para hacerlas pasado mañana Jueves y así el Viernes se puedan comer asentadas y ya de la nevera. Por tanto, si queréis disfrutarlas toda la semana embolsar de nuevo el pan este Jueves (o el Viernes mismo) para así hacerlas el próximo Martes antes de la propia Semana Santa.

Bueno, no os quiero liar. Una vez que el pan esté en su punto, lo cortaremos en rodajas al gusto de cada uno. O bien las haremos pequeñas (cortes verticales) o bien alargadas (cortes transversales). A nosotros nos gustan de cualquier forma la verdad, aunque reconozco que son más agradables las pequeñitas que las muy grandes (en algunas pastelerías muy concretas en Madrid existen torrijas mini se que se cobran a ¡24€ el kilo!). Una vez cortado el pan lo meteremos en un bol y lo cubriremos con un trapo mientras preparamos el resto de ingredientes, sartenes, bandejas y recipientes.

Cogeremos ahora un nuevo bol de cualquier tipo (que sea ancho) y echaremos igual proporción de vino blanco que de agua, en esto valoraremos unos tres vasos de cada cosa por barra. Azúcar por supuesto, y en tal cantidad que quede al final muy dulce (1 vaso de líquido por 2 cucharadas soperas rasas de azúcar, aunque lo mejor es probarlo). Elegid ahora un vino blanco con algo de clase por favor, un vino joven y afrutado podría ser la mejor elección, aunque lo hemos hecho casi siempre con un vino joven de la Mancha cualquiera. Después, prepararéis un plato con 3 huevos batidos (más o menos) por barra y sin sal ni nada (a lo mejor hará falta un cuarto huevo ojo).

Foto extraída del blog de INUSUAL

Prepararemos ahora un plato hondo (normal) poca abajo, y debajo uno más grande y llano en posición normal formando dos plantas. Así podremos apoyar los panes remojados para que se escurran de la base superior al fondo. ¿Cuál es el tiempo de remojado y de reposo?. Esto es a ojo y dependerá de muchos factores. Fijaros que calen bien sin que los dejemos mucho tiempo en el líquido y se deshagan. Lo mejor es ir despacio y uno a uno, e interesarnos en este punto para que lo hagan homogéneamente y en poco tiempo. Si lo hacemos bien, la gomosidad del pan hará lo que tiene que hacer y es dejar el pan calado pero bien sujeto. En cuanto al reposo con un par de minutos vale.

Prepararemos ahora, mientras reposa por ejemplo la primera tanda, una sartén capaz con abundante aceite de oliva al que llevaremos a calentar despacio, y una bandeja amplia con abundante papel absorbente para desgrasar el pan frito en la medida de lo posible. Una a una, y una vez remojadas las sumergiremos en el plato con huevo hasta que consigamos que se envuelvan bien del mismo, y sin más, las echaremos con cuidado en el aceite y a fuego alto (importante) hasta que se doren por ambos lados. Las sacaremos y las pondremos en la bandeja con ese papel de cocina durante otro para de minutos (vuelta y vuelta).

Una vez vayan escurriendo de aceite las pondremos en una bandeja seca y con algo de hondura y sin apelotonar. Una vez las hayamos hecho todas mucha gente las embadurna de una mezcla de azúcar y canela, y me parece muy bien. Nosotros lo que hacemos es tostar una cucharada de azúcar en una sartén limpia y cuando caramelice (se ponga rubio) echar dos vasos de vino blanco y otro dos de agua (echaremos otro poco más azúcar). Lo dejaremos reducir hasta que tengamos una especie de almíbar y lo echaremos por encima de las torrijas. Aquí podría ser el momento de añadir un poquito de canela en rama, o cáscara de limón etc, cosa que nosotros tampoco hacemos porque la canela no es que nos encante. Veréis ese brillo mágico que sólo se consigue con estas originales torrijas. No deben de quedar muy caladas y se deben de enfriar corriendo.

Tampoco las preparamos con vino tinto (oscurecerían mucho), ni con miel como las auténticas torrijas sevillanas. No dudo que sean elecciones perfectas para degustar este postre, pero la verdad es que no las empleamos y las torrijas nos gustan mucho (y también gustan). El caso es que las torrijas deben de comerse siempre frías y no mucho más tarde de tres días en la nevera. Es conveniente además hacer pocas, y cuando se acaben volverlas hacer porque estarán mejores y menos secas.

Son desde luego ideales para comer todos los días, incluso en el desayuno.

Salud.

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