25 sept. 2006

EL GRAN PAQUITO DIAZ (VISITA A JAEN I PARTE)

Inmejorable la situación de este gran restaurante de cocina de autor al que hemos tenido el privilegio de ir este mismo fin de semana junto con unos amigos. Desde las familiares aguas del balneario de San Andrés en Canena partimos hacia este moderno e increíble escondite, previa búsqueda por Internet y dentro de la gran desconocida Baeza, ciudad contraste de territorios y maravilla arquitectónica que a su vez es patrimonio de la UNESCO (junto con su vecina Úbeda).


Pues después de un rápido pero meritorio paseo nocturno, caminamos en busca de este palacio culinario, aunque sorpresa la nuestra que de camino nos tropezamos con una tasca a rebosar de gente de esas de toda la vida llamada Pedrito, y señor@s, totalmente recomendable para abrir boca.

Una vez engañado el estómago nos adentramos ya en serio en este pequeña luz en tunel de la restauración local, dónde por otro lado trabajan el aceite de oliva como seguramente nadie ha empezado a hacerlo por toda la comarca y dónde el resultado os aseguro que al menos es digno de conocerlo, degustarlo y recordarlo.


Desde que nos sentaron y empezamos a cenar hasta que acabamos, ignoramos muchas de los pequeños detalles del propio local pese a que previa a la misma, nos enseñaron todo el restaurante como si de una inmobiliaria se tratara, y sinceramente, no sabemos si elegimos bien la sala en base a la estancia, o al tabaco, pero bueno, la sala dónde almorzamos era el patio del recinto, lugar dónde podría apreciarse una continuidad y armonía completa con los salones principales debido a su techo cerrado.

La decoración era principalmente renacentista y barroca en algunas estancias, y en otras moderna y sobria. La atención fue muy cuidada y la degustación muy bien explicada por una de las responsables de nuestra mesa asignada al sitio, ahora recuerdo con gracias, que en algunos momentos la emoción nos conducía a tirar algo de la mesa con los trajines del "yo te sirvo, dame de esto", y la verdad es que ella supo estar a la altura en todo lo ocurrido.


No hubo tregua, se comió de principio a fin con buen gusto y buena presentación, la comida se vasó sin duda en los minimalismos pero respetando la gastronomía tradicional en varios de sus apuestas. Todos coincidimos en que el salmorejo y la merluza de pincho estuvieron a la altura de los grandes en esto de la cocina, y en particular, fueron de los mejores platos que he probado en muchos años con una calidad tal, que la presentación no merecía mayor historia que algo simple, un exquisito arroz negro de cama de la merluza, y en el salmorejo un langostino envuelto en huevo deshidratado, todo ello en el menú BELUGA. Punto.

La merluza se deshacía en la boca como si de queso fundido se tratara. El salmorejo era tan sabroso, que dudo yo que se pueda hacer algo mejor por esta tierra, diferente sí, pero mejor lo dudo. El resto dio sobradamente la talla, aunque en algunas cosas sólo nos dejó satisfechos. Un pequeño y cariñoso tirón de orejºas por el Secreto Ibérico que sirven, plato flojo en creatividad, y con sabores fuertes a huevo, además lo pedimos muy hecho, y de esto se olvidaron, pero este no fue el problema porque estoy seguro que se podría haber arreglado, pero que por otro lado no tenía que haber ocurrido.


Por último, deciros que los postres estaban muy aceptables, los chocolates de calidad, las cremas finas, aunque destaco el denominado tocino de cielo al carbón, un auténtico regalo divino, un reto a la combinación perfecta de sabores, a los juegos de texturas y temperaturas, en un postre único y muy contundente, el cuál venía recostado en el menú TIERRA ADENTRO.

Por último, los menús precedían a una carta no muy extensa pero exquisita de materias primas fantásticas, los cuáles alcanzaban precios más que razonables y además eran contundentes, en definitiva, calidad extraordinaria en la mesa.


En su web podréis ver más cosas de este maravilloso lugar, os advierto, los menús degustación son sólo dos, y en mi opción, si vais a ir una vez, deberíais de probarlos los dos por parejas. Cada uno tiene su pequeño tesoro por sólo 38,95€ + IVA sin bebida, aunque tenéis la oportunidad de homenajearlo con muchos caldos muy bien servidos por la maître, yo os recomiendo un gran Pago de los Capellanes Crianza 2003, o si sois atrevidos unos vinos chilenos o sudafricanos, para que todo sea una gran experiencia.

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