Con las
fabas de Lourenzá que
Pilar 'lechuza' nos regaló, y con la demostración que os dimos de
Cómo cocer el pulpo en casa, hicimos estas riquísimas
fabas con pulpo. Nunca habíamos hecho este plato en casa y de verdad, no es que nos haya gustado, es que se va a convertir en uno de los platos de
fabes que se va a quedar para siempre en nuestro recetario. Su sabor es delicado, sabroso, con sólo un leve sabor a pulpo y está mejor de un día para otro. Las
fabas además salieron buenísimas, ahora os contaremos qué hicimos, y bueno, esta receta está basada en una de
Pilar. Últimamente parece que les estamos haciendo un tributo o algo parecido, aunque en cierto modo así es ¡qué gran cocinera que es!.
Veréis, hicimos varias pruebas con las mismas
fabas con las que hicimos las
Fabas con costillas adobadas caseras y trompetas de la muerte. En esta ocasión usamos la
olla a presión para cocer la
legumbre. Quisimos probar esta cocción porque de forma general, resulta ideal para la
legumbre vieja y casi totalmente deshidratada, como fue nuestro caso. La cocción a presión se convierte en beneficiosa para la leguminosa porque hace que el
agua penetre con éxito en la carne de una
legumbre que ya no es tan delicada. Y os preguntaréis, ¿por qué no lo hicimos en la otra tanda?, pues porque siempre apostamos por la cocción lenta ya que es muy controlable y muy poco agresiva, y cada
legumbre es un mundo, igual nos hubiéramos llevado una sorpresa.
También comentar que a esta prueba le sumamos otra, utilizamos
agua mineral de mineralización muy débil para la cocción. Por todos es sabido que a las
aguas de grifo en épocas de calor, y por muy buenas que sean, les añaden un extra de
cloro para así evitar la floración de bacterias y agentes patógenos los cuáles encuentran en una
agua con la temperatura alta un estupendo caldo de cultivo. Y claro, desde siempre hemos creído que el contacto del
cloro con la legumbre, y no digamos si el agua posee un exceso de sales minerales en su composición no beneficia en absoluto la cocción de la misma, es más, la ralentiza y a la postre puede dañarla (romperla). Ya os imaginaréis que con este tema se pasa mucho, lógico, a muy poca gente le importa que la
legumbre quede enterita cuando se cuece, buscan sólo sabor y ternura, nos parece perfecto.