Por fin os traemos nuestra versión del
pote gallego, sabemos que hacemos mal en llamarlo
pote porque lo hacemos en una
olla convencional,
pote es el recipiente tradicional de hierro fundido dónde se suele hacer, así que antes de empezar a hablaros de ello, puntualizaros sobre esto. En definitiva, os vamos a mostrar lo que lleva un
pote gallego (un poco a nuestro estilo) es decir, lo que es el
caldo gallego aderezado con las
carnes clásicas del
pote y algún añadido más, ¿pero quizás deberíamos de llamarlo
olla gallega?, pues puede que sí. Y bueno, a lo que vamos, reconocemos que hemos tardado mucho en enseñároslo, la razón es que queríamos mostraros de paso los productos de categoría que siempre hemos utilizado para hacerlo. Y es que este
puchero o
potaje tan tradicional y popular en
Galicia, y tan oficiado fuera de su territorio por la infinidad de restaurantes gallegos existentes en nuestra geografía, es para nosotros uno de los platos de cuchara mejores de toda nuestra gastronomía. Y os preguntaréis, ¿quién es el culpable de este sabor tan especial, diferente y único? pues muchos estaréis de acuerdo con nosotros, que sin duda los
grelos, esos brotes verdes y fuertes del
nabo llenos de sabor que impregnan al
caldo de un toque amargo y rancio tan peculiar. Aunque no podemos olvidar las carnes, esos
lacones desalados tan gustosos, la
costilla,
chorizos,
morcillas,
huesos, puntas y en nuestra familia un poco de de
gallina/
pollo y algo de
morcillo. Todos estos ingredientes aportan a este
caldo un sabor único, insuperable, en nuestro caso, lleno de recuerdos y de reunión familiar. Bueno, sobre todo esto vamos hablar ahora porque os imaginaréis que
caldos gallegos diferentes hay muchos, aunque la esencia y presencia sea la misma.
La verdad, la publicación de este plato es un poco oportunista, todos sabéis que ahora es el
Entroido gallego (carnaval), y éste es uno de los platos típicos de estas fechas. Pero el origen del mismo es totalmente popular y no ha entendido jamás de fechas, proviene de la sombra del hambre, de la escasez, fue sin duda el plato estandarte de la hambruna y carestía que existió en
Galicia hace varios siglos, cuando el único
caldo gallego que se podría tomar eran probablemente
agua con
berzas o
grelos, castañas,
pan de
centeno, huesos y algo de
unto, ese velo de grasa que cubre el
intestino de
cerdo y que siempre ha ido de la mano de este plato desde sus inicios. Como siempre pasa, con el tiempo se ha ido desarrollando una receta que ha complicado el plato en aras del sabor y la abundancia. Ha sido una mejora sustancial que ha convertido el plato una bandera de esta región por todo el mundo, empezando por la inclusión de la
patata, lógicamente después del
s.XVIII que fue cuando entró, pasando por las
carnes y
alubias.