Pocas veces vas a un
restaurante y sales de allí pensando dónde demonios he estado comiendo estos últimos años. Pues con el restaurante
Viña La Mazuela nos pasó, y no exageramos lo más mínimo. Mirar, el restaurante era un sitio muy agradable, con una carta surtida, con toques creativos y una amplia miscelánea de
materias primas, con un perfecto manejo de todas y cada una de las técnicas modernas y tradicionales, con unos platos que se servían en su justa cantidad, y muy bien presentados; una buena
carta de vinos y un servicio rápido y eficiente. ¿Se puede pedir más?. Pues no, aunque sólamente les ponemos un fallo, fuimos un s
ábado y el
domingo cerraban por vacaciones, así que no tenían disponible el
menú degustación. Nos parece que lo correcto es indicar en su
web o en la reserva telefónica que hicimos el
Viernes que no iba haber
menú degustación ¿no creéis?.
Pero vamos, sólo fue ese detalle. Pedimos a la carta y todo lo que vais a leer van a ser elogios. Vamos por partes, lo descubrimos gracias a mis cuñados
Jose y
Raquel, los cuáles ya habían comido anteriormente en este sitio y ya en su día salieron encantados del mismo. Nosotros no íbamos a ser menos, además, si nos lo aconsejaban ellos era buena señal. Todos coincidimos en que este restaurante es quizás uno de los mejores lugares para disfrutar de una cocina moderna y diferente dentro de esta zona. Sin duda el universo conspiró para que los platos que pedimos fueran los acertados, aunque por otro lado, y no nos enrollamos más, probamos todos los platos de todos y estaban extraordinarios. Sin duda, si venís por esta zona reservar de inmediato, no os vais arrepentir.
Degustamos la comida a la carta con dos
caldos. Uno fue un
tinto difícil de conseguir de la D.O.
Ribera del Guadiana,
vino que probaron estos chicos en su día y que la verdad es que estaba muy rico, hablamos de un
Privilegio de Romale crianza. No recuerdo si era un
coupage, pero sí recuerdo que tenía un bonito color y un sabor suave en boca pero de buen paso.
Jose que entiende más que nos diga. El otro fue el
Somontano de bodegas
Enate, un exquisito
Chardonnay con fermentación en barrica, era un vinazo. Uff, pedimos varias botellas y salimos encantados. Qué bien se bebía y que rico estaba. Aromas a frutas, manzana, piña y un sabor largo y sabroso. Cien por cien recomendable.
Antes de la comida un rico aperitivo. Un
gamba pelada envuelta en un hilo de
patata y una base de
soja y de
caldo de carne o
fondo oscuro. Muy bueno, y la cosa apuntaba alto.
Al centro pedimos varias raciones, una de ellas quizás era la más espectacular. Se trataba de
pulpo en conserva (conserva de ellos) sobre un fino
puré de patatas ahumado. Regado con
aceite de
pimentón de Vera y
cebollino. Genial la presentación, y tierno como no os podéis figurar. Pedimos tres
latas para
10 comensales. No había
pan suficiente para mojar en el jugo y la
patata, a todo eso, el
pan de fábula.
Bollitos redondos
de varios tipos recién horneados. ¿Alguien se puede resistir?.
Otro plato al centro fue el
Pastel de Morcilla de Arroz, Granny Smith, y Foie Caramelizado con Crema de Puerros. Creo que sobran las palabras. Técnica, texturizaciones perfectas y los contrastes dulces y salados excepcionales. Uno de los platos
10, que no
9,5, de toda la velada. Una pasada chicos, una pasada. Aquí
Carmen, creo que te hemos dado en tu talón de
Aquiles.
A continuación llegó a la mesa y de nuevo al centro, un
arroz ibérico salteado con boletus. Perfectamente presentado, sabroso y con una cocción de libro, aunque en el sabor y para nuestro gusto, flojeó un poco. El resto de comensales no opinó lo mismo. Era sencillamente un problema de expectativas.
Vamos con los segundos platos. Un comensal se pidió el
solomillo de ternera con foie y salsa de uvas. El solomillo estaba muy tierno y lo mejor sin duda la salsa. Dulzona y bien elaborada. El
foie extraordinario. Abajo un puré de
patatas fritas.
Mi plato,
cochinillo ibérico a la teja. Era realmente cochifrito, y su sabor era grandioso. A torrezno de calidad, aunque en mi opinión ponen mucha cantidad. Quizás quitar algún trozo y bajar un poco el precio sería lo ideal, aunque no era excesivamente caro (
18€). El bocado realmente era espectacular, muy crujiente por fuera, un sabor alucinante y en definitiva una delicia. Creo que volvería a repetir.
Otro comensal se pidió las
carrilleras de cerdo ibérico con reducción de vino de pitarra y el mismo puré de
patatas fritas que el del
solomillo. Presentado a la perfección y jugoso como ningún trozo de carne de la mesa. Plato recomendadísimo.
Los pescados fueron tres, el
bacalao monacal con mayonesa de puerro y cigala, y patatas al mortero. Perfectamente desalado, y muy jugoso. De verdad que no dábamos crédito a la calidad de las materias primas. Ahora que veo las
patatas al mortero, no las entiendo muy bien y creemos que las sustituyeron por una línea de
tinta de
txipirón. Lo pidieron
4 comensales entre ellos
Lola.
Otro comensal se pidió la
ventresca de atún rojo y shiitakes en tataki, un plato que era una auténtica delicia para la vista y para el paladar. Mucho sabor y perfectamente cocinada, ni muy cruda, ni muy hecha.
Por último, los dos comensales restantes se pidieron las
vieiras salteadas con mayonesa de foie y huevo frito. Uno de los platos más vistos de toda la comida, y sin duda rico rico. Si os fijáis el huevo hasta con su
puntullita. La
salsa era la
mayonesa de foie. Un
mar y montaña delicioso.
Y llegaron los postres. No podían estar mal. Unos cuantos nos pedimos la
infusión de frambuesas naturales con helado de queso. Para mí, y siempre subjetivamente, quizás el segundo mejor
postre de todos los que pedimos (acerté).
Después pidieron la
copa de toffee, frutos secos y espuma de crema catalana. Mágico
topping sin duda.
También una
sopa de miel, canela y limón, helado de cuajada y nueces garrapiñadas. Tremenda combinación.
El
crujiente de chocolate blanco, para mi gusto un poco pesado para tomarlo de
postre en una comida copiosa, pero ideal para una merienda, y había poco
chocolate fundido aunque sí torrado. Su sabor era una mezcla entre
buñuelo y
filloa. Lo pidieron dos comensales, entre ellos
Lola.
Por último un
helado de yogur, reducción de pedro ximénez y guirlache de almendras, quizás el mejor y más ligero postre de todos. Que no por ello menos sabroso.
En definitiva, una velada estupenda en buena compañía, no faltó de beber y disfrutamos de una comida de calidad y bien elaborada, ¿quién da más por menos de
40 euros por persona?.
Salud.
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